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El Evangelio de Marcos es universalmente aceptado como canónico por todas las tradiciones cristianas principales. En la Iglesia Ortodoxa Etíope (Tewahedo), forma parte del canon más amplio de 81 libros.

Marcos

Capítulo 3

1

Y entró otra vez en la sinagoga; y había allí un hombre que tenía seca una mano.

2

Y le observaban si en el sábado le sanaría, para acusarle.

3

Entonces dice al hombre que tenía la mano seca: Levántate, y ponte en medio.

4

Y les dice: ¿Es lícito en los sábados hacer bien, ó hacer mal? salvar la vida, ó quitar la? Mas ellos callaban.

5

Entonces mirándolos alrededor con enojo, entristecido por la dureza de sus corazones, dice al hombre: Extiende tu mano. Y él la extendió; y su mano fué restaurada sana.

6

Y salidos los Fariseos, luego tomaron consejo con los Herodianos contra él, cómo le destruirían.

7

Mas Jesús se apartó con sus discípulos al mar; y le siguió gran multitud de Galilea y de Judea.

8

Y de Jerusalem, y de Idumea, y de la otra parte del Jordán, y de los alrededores de Tiro y de Sidón, una gran multitud, oyendo las cosas que hacía, vino á él.

9

Y dijo á sus discípulos que le tuviesen siempre aparejada una barquilla por causa del tropel de la gente, porque no le oprimiesen.

10

Porque había sanado á muchos; de manera que caían sobre él cuantos tenían plagas, por tocarle.

11

Y los espíritus inmundos, cuando le veían, se postraban delante de él, y daban voces diciendo: Tú eres el Hijo de Dios.

12

Mas él les reprendía mucho porque no le descubriesen.

13

Y subió al monte, y llamó á sí los que quiso; y vinieron á él.

14

Y estableció doce, para que estuviesen con él, y para enviarlos á predicar;

15

Y que tuviesen potestad de sanar enfermedades, y de echar fuera los demonios:

16

A Simón, al cual puso por nombre Pedro;

17

Y á Jacobo, hijo de Zebedeo, y á Juan hermano de Jacobo, y los puso por nombre Boarnerges, que es, Hijos del trueno;

18

Y á Andrés, y á Felipe, y á Bartolomé, y á Mateo, y á Tomás, y á Jacobo, hijo de Alfeo, y á Tadeo, y á Simón el Cananita;

19

Y á Judas Iscariote, el que también le entregó. Y vinieron á casa.

20

Y se agolpó de nuevo una multitud, de modo que ni aun podían comer pan.

21

Y cuando lo oyeron los suyos, salieron á prenderle; porque decían: Está fuera de sí.

22

Y los escribas que habían descendido de Jerusalem, decían: Que tiene á Beelzebub, y que por el príncipe de los demonios echa fuera los demonios.

23

Y llamándolos, les decía por parábolas: ¿Cómo puede Satanás echar fuera á Satanás?

24

Y si un reino contra sí mismo fuere dividido, tal reino no puede permanecer.

25

Y si una casa contra sí misma fuere dividida, tal casa no puede permanecer.

26

Y si Satanás se levanta contra sí mismo, y fuere dividido, no puede permanecer, sino que tiene fin.

27

Nadie puede entrar en la casa del fuerte y saquear sus bienes, si primero no atare al fuerte, y entonces saqueará su casa.

28

De cierto os digo que todos los pecados serán perdonados á los hijos de los hombres, y las blasfemias cualesquiera con que blasfemaren;

29

Mas cualquiera que blasfemare contra el Espíritu Santo, no tiene jamás perdón, mas está sujeto á eterno juicio.

30

Porque ellos decían: Espíritu inmundo tiene.

31

Vinieron después sus hermanos y su madre, y estando fuera, enviaron á él llamándole.

32

Y la gente estaba sentada alrededor de él, y le dijeron: He aquí tu madre y tus hermanos están fuera, y te buscan.

33

Y él les respondió diciendo: ¿Quién es mi madre y mis hermanos?

34

Y mirando alrededor á los que estaban sentados en derredor de él, dice: He aquí mi madre y mis hermanos:

35

Porque todo aquel que hiciere la voluntad de Dios, ése es mi hermano, y mi hermana, y mi madre.

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