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El Evangelio de Marcos es universalmente aceptado como canónico por todas las tradiciones cristianas principales. En la Iglesia Ortodoxa Etíope (Tewahedo), forma parte del canon más amplio de 81 libros.

Marcos

Capítulo 4

1

Y otra vez comenzó á enseñar junto á la mar; y se juntó á él grande multitud, tanto que entrando en el barco, estaba sentado en la mar; y toda la gente estaba en tierra junto á la mar.

2

Y les enseñaba por parábolas muchas cosas, y les decía en su doctrina:

3

Oíd: He aquí el que sembraba, salió á sembrar.

4

Y acaeció que sembrando, una parte cayó junto al camino; y vinieron las aves del cielo, y la comieron.

5

Y otra parte cayó en pedregales, donde no tenía mucha tierra; y luego nació, porque no tenía tierra profunda:

6

Mas salido el sol, se quemó; y por cuanto no tenía raíz, se secó.

7

Y otra parte cayó entre espinas; y las espinas crecieron, y la ahogaron, y no dió fruto.

8

Y otra cayó en buena tierra, y dió fruto que subió y creció, y produjo una á treinta, otra á sesenta, y otra á ciento.

9

Y les dijo: El que tiene oídos para oír, oiga.

10

Y cuando estuvo solo, le preguntaron los que estaban cerca de él con los doce, sobre la parábola.

11

Y les dijo: A vosotros es dado saber el misterio del reino de Dios; mas á los que están fuera, por parábolas todas las cosas;

12

Para que viendo, vean y no echen de ver; y oyendo, oigan y no entiendan; porque no se conviertan, y les sean perdonados los pecados.

13

Y díceles: ¿No sabéis esta parábola? ¿Cómo, pues, entenderéis todas las parábolas?

14

El que siembra, siembra la palabra.

15

Y éstos son los de junto al camino: en los que la palabra es sembrada; mas después que la oyeron, luego viene Satanás, y quita la palabra que fué sembrada en sus corazones.

16

Y asimismo éstos son los que son sembrados en pedregales: los que cuando han oído la palabra, luego la toman con gozo;

17

Pero no tienen raíz en sí, antes son temporales; que después, levantada la tribulación ó la persecución por causa de la palabra, luego se escandalizan.

18

Y éstos son los que son sembrados entre espinas: los que oyen la palabra;

19

Mas los cuidados de este siglo, y el engaño de las riquezas, y las codicias que hay acerca de otras cosas, entrando, ahogan la palabra, y se hace infructuosa.

20

Y éstos son los que fueron sembrados en buena tierra: los que oyen la palabra y la reciben, y hacen fruto á treinta, y á sesenta, y á ciento.

21

También les dijo: ¿Por ventura se trae la vela para ponerla debajo del almud, ó debajo de la cama? ¿No es para ponerla en el candelero?

22

Porque no hay cosa oculta que no haya de ser manifestada; ni escondido, que no haya de salir á luz.

23

Si alguno tiene oídos para oír, oiga.

24

Les decía también: Mirad lo que oís: porque con la medida que midiereis, se os medirá, y aun se os añadirá á vosotros los que oís.

25

Porque al que tiene, le será dado; y al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado.

26

Decía más: Así es el reino de Dios, como si un hombre echa simiente en la tierra;

27

Y duerme y se levanta, de noche y de día, y la simiente nace y crece como él no sabe.

28

Porque de suyo fructifica la tierra, primero hierba, luego espiga, después grano lleno en la espiga.

29

Y cuando el fruto está manifiesto, luego se mete la hoz, porque la siega es venida.

30

Decía asimismo: ¿A qué haremos semejante el reino de Dios? ¿ó con qué parábola le compararemos?

31

Es como un grano de mostaza, que cuando se siembra en tierra, es la más pequeña de todas las semillas que hay en la tierra;

32

Mas después de sembrada, sube, y se hace la mayor de todas las legumbres, y echa grandes ramas, de tal manera que las aves del cielo pueden morar debajo de su sombra.

33

Y con muchas parábolas de esta manera les hablaba la palabra, conforme á lo que podían oir.

34

Y sin parábolas no les hablaba; mas á sus discípulos en particular declaraba todo.

35

Y cuando fué la tarde, dijo á sus discípulos: Pasemos la otra parte.

36

Y despedida la multitud, le tomaron como estaba, en el barco; y había también con él otros barquillos.

37

Y se levantó una grande tempestad de viento, y echaba las ondas en el barco, de modo que ya se henchía.

38

Y él estaba en la popa, durmiendo sobre un cabezal: y despiértanle, y le dicen: Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos?

39

Y levantándose, reprendió al viento, y dijo á la mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento, y fué hecha grande bonanza.

40

Y les dice: ¿Por qué estáis así amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe?

41

Y tuvieron gran temor, y se decían el uno al otro: ¿Quién es éste, que aun el viento y la mar le obedecen?

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