El Evangelio de Marcos es universalmente aceptado como canónico por todas las tradiciones cristianas principales. En la Iglesia Ortodoxa Etíope (Tewahedo), forma parte del canon más amplio de 81 libros.
Marcos
Capítulo 5
Y vinieron de la otra parte de la mar, á la provincia de los Gergesenos.
Y salido él del barco, luego vino á su encuentro de los sepulcros un hombre con espíritu inmundo,
El cual tenía su morada en los sepulcros; y ni aun con cadenas podía alguien atarle:
Porque muchas veces había sido atado con grillos y cadenas; mas las cadenas había hecho pedazos, y los grillos desmenuzados; y nadie le podía domar.
Y siempre, de noche y de día, andaba dando voces en los montes y en los sepulcros, é hiriéndose con las piedras.
Y como vió á Jesús de lejos, corrió, y le adoró.
Y clamando con gran voz, dice: ¿Qué tengo yo contigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Te conjuro por Dios que no me atormentes.
Porque le decía: Sal de este hombre, espíritu inmundo.
Y le preguntó: ¿Cómo te llamas? Y respondió diciendo: Legión me llamo; porque muchos somos.
Y le rogaba con muchas instancias que no los echase fuera de aquella provincia.
Y había allí cerca del monte una grande manada de puercos paciendo.
Y le rogaron todos los demonios, diciendo: Envíanos á los puercos, para que entremos en ellos.
Y luego Jesús se lo permitió. Y saliendo aquellos espíritus inmundos, entraron en los puercos; y la manada cayó por un despeñadero en la mar, los cuales eran como dos mil; y se ahogaron en la mar.
Y los que apacentaban los puercos huyeron, y dieron las nuevas en la ciudad y en los campos. Y salieron para ver qué era aquello que había acontecido.
Y vinieron á Jesús, y vieron al que había sido atormentado del demonio, que había tenido la legión, sentado y vestido, y en su juicio cabal; y tuvieron miedo.
Y los que lo habían visto, les contaron cómo había acontecido al que había tenido el demonio, y lo de los puercos.
Y comenzaron á rogarle que se fuera de sus términos.
Y entrando él en el barco, le rogó el que había estado atormentado del demonio, que le dejase estar con él.
Mas Jesús no le permitió, sino que le dice: Vete á tu casa, á los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas el Señor ha hecho por ti, y cómo tuvo misericordia de ti.
Y él se fué, y comenzó á publicar en Decápolis cuán grandes cosas había hecho Jesús con él; y todos se maravillaban.
Y pasando otra vez Jesús en un barco á la otra ribera, se juntó á él una gran multitud; y estaba junto á la mar.
Y vino uno de los príncipes de la sinagoga, llamado Jairo; y luego que le vió, se postró á sus pies;
Y le rogaba mucho, diciendo: Mi hija está á punto de morir; ven, y pon las manos sobre ella para que sea salva, y vivirá.
Y fué con él; y le seguía gran multitud, y le apretaban.
Y una mujer que desde hacía doce años padecía flujo de sangre,
Y había sufrido mucho de muchos médicos, y había gastado todo lo que tenía, y nada había aprovechado, antes más bien se empeoraba;
Como oyó hablar de Jesús, llegó por detrás entre la multitud, y tocó su vestido;
Porque decía: Si tocare tan solamente su vestido, seré salva.
Y luego la fuente de su sangre se secó; y sintió en su cuerpo que estaba sana de aquel azote.
Luego Jesús, conociendo en sí mismo la virtud que de él había salido, volviéndose á la multitud, dijo: ¿Quién ha tocado mi vestido?
Y sus discípulos le dijeron: Ves que la multitud te aprieta, y dices: ¿Quién me ha tocado?
Y él miraba alrededor para ver á la que había hecho esto.
Entonces la mujer, temerosa y temblorosa, sabiendo lo que en ella había sido hecho, vino y se postró delante de él, y le dijo toda la verdad.
Y él le dijo: Hija, tu fe te ha salvado; ve en paz, y sé sana de tu azote.
Estando él hablando aún, vinieron de casa del príncipe de la sinagoga, diciendo: Tu hija es muerta; ¿para qué molestas más al Maestro?
Mas Jesús luego, oyendo lo que se hablaba, dice al príncipe de la sinagoga: No temas, cree solamente.
Y no permitió que le siguiese nadie, sino Pedro, y Jacobo, y Juan, hermano de Jacobo.
Y vino á casa del príncipe de la sinagoga, y vió el alboroto, y á los que lloraban y gemían mucho.
Y entrando, les dice: ¿Por qué alborotáis y lloráis? La muchacha no es muerta, mas duerme.
Y hacían burla de él. Mas él, echando fuera á todos, toma al padre y á la madre de la muchacha, y á los que estaban con él, y entra donde la muchacha estaba.
Y tomando la mano de la muchacha, le dice: Talitha cumi; que es, si lo declarares: Muchacha, á ti digo, levántate.
Y luego la muchacha se levantó y andaba; porque era ya de edad de doce años. Y se asombraron de gran asombro.
Mas él les mandó mucho que nadie lo supiese; y dijo que le diesen de comer.