El Evangelio de Lucas es universalmente aceptado como canónico por todas las tradiciones cristianas principales. En la Iglesia Ortodoxa Etíope (Tewahedo), forma parte del canon más amplio de 81 libros.
Lucas
Capítulo 11
Y aconteció que estaba él orando en un lugar, y cuando cesó, uno de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos á orar, como también Juan enseñó á sus discípulos.
Y les dijo: Cuando orareis, decid: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Sea hecha tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.
El pan nuestro cotidiano dánoslo hoy.
Y perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos á todos los que nos deben. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal.
Díjoles también: ¿Quién de vosotros que tuviere un amigo, é fuere á él á medianoche, y le dijere: Amigo, préstame tres panes;
Porque un amigo mío ha venido á mí de camino, y no tengo qué ponerle delante;
Y aquel respondiendo de dentro, dijere: No me molestes; la puerta ya está cerrada, y mis niños están conmigo en cama; no puedo levantarme, y dártelos?
Os digo, que aunque no se levante á dártelos por ser su amigo, sin embargo por su importunidad se levantará, y le dará todo lo que hubiere menester.
Y yo os digo: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá.
Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.
¿Y cuál padre de vosotros, si su hijo le pidiere pan, le dará una piedra? ó si pescado, ¿en lugar de pescado, le dará una serpiente?
O si le pidiere un huevo, ¿le dará un escorpión?
Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas á vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo á los que se lo piden?
Y estaba él echando fuera un demonio, que era mudo; y aconteció que salido el demonio, el mudo habló; y las gentes se maravillaron.
Mas algunos de ellos decían: Por Beelzebú, príncipe de los demonios, echa fuera los demonios.
Y otros, tentándole, pedían de él señal del cielo.
Mas él, entendiendo los pensamientos de ellos, les dijo: Todo reino dividido contra sí mismo, es asolado; y una casa dividida contra sí misma, cae.
Y si también Satanás está dividido contra sí mismo, ¿cómo permanecerá su reino? porque decís que por Beelzebú echo fuera los demonios.
Pues si yo por Beelzebú echo fuera los demonios, ¿vuestros hijos por quién los echan? Por tanto, ellos serán vuestros jueces.
Mas si por el dedo de Dios echo fuera los demonios, ciertamente el reino de Dios ha llegado á vosotros.
Cuando el fuerte armado guarda su atrio, en paz está lo que posee.
Mas cuando sobreviniere uno más fuerte que él, le vence, y le quita todas sus armas en que confiaba, y reparte sus despojos.
El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama.
Cuando el espíritu inmundo saliere del hombre, anda por lugares secos, buscando reposo; y no hallándolo, dice: Me volveré á mi casa de donde salí.
Y cuando viniere, la halla barrida y adornada.
Entonces va, y toma otros siete espíritus peores que él, y entrando, moran allí; y lo postrero de aquel hombre viene á ser peor que lo primero.
Y aconteció que diciendo él estas cosas, una mujer de la compañía levantó la voz, y le dijo: Bienaventurado el vientre que te trajo, y los pechos que mamaste.
Y él dijo: Antes bienaventurados los que oyen la palabra de Dios, y la guardan.
Y juntándose la multitud, comenzó á decir: Esta generación es mala: demanda señal; mas señal no le será dada, sino la señal de Jonás.
Porque como Jonás fué señal á los Ninivitas, así también será el Hijo del hombre á esta generación.
La reina del Austro se levantará en el juicio con los varones de esta generación, y los condenará; porque vino de los fines de la tierra para oir la sabiduría de Salomón; y he aquí más que Salomón en este lugar.
Los varones de Nínive se levantarán en el juicio con esta generación, y la condenarán; porque á la predicación de Jonás se arrepintieron; y he aquí más que Jonás en este lugar.
Nadie que enciende la vela, la pone en escondido, ni debajo del almud, sino en un candelero, para que los que entran vean la claridad.
La vela del cuerpo es el ojo: pues cuando tu ojo fuere sincero, también todo tu cuerpo será resplandeciente; mas cuando fuere malo, también tu cuerpo será tenebroso.
Mira pues, que la claridad que está en ti no sea tinieblas.
Pues si todo tu cuerpo es resplandeciente, no teniendo parte alguna de tinieblas, será todo resplandeciente como cuando una vela te alumbra con su resplandor.
Y como habló, rogóle un Fariseo que comiese con él; y entrando, se sentó á la mesa.
Y el Fariseo, cuando lo vió, se maravilló de que no se lavó antes de comer.
Y el Señor le dijo: Ahora vosotros los Fariseos lo que está de fuera del vaso y del plato limpiáis; mas lo que está dentro de vosotros, lleno es de rapiña y de maldad.
Necios, ¿el que hizo lo de fuera, no hizo también lo de dentro?
Empero dad limosna de lo que os sobra, y he aquí todo os es limpio.
Mas ¡ay de vosotros, Fariseos! que diezmáis la menta, y la ruda, y toda verdura, y pasáis por alto la justicia y la caridad de Dios: esto era necesario hacer, y aquello no dejar.
¡Ay de vosotros, Fariseos! que amáis las primeras sillas en las sinagogas, y las salutaciones en las plazas.
¡Ay de vosotros, escribas y Fariseos, hipócritas! que sois como sepulcros que no se ven, y los hombres que andan encima no lo saben.
Y respondiendo uno de los doctores de la ley, le dice: Maestro, cuando dices esto, también nos afrentas á nosotros.
Y él dijo: ¡Ay de vosotros también, doctores de la ley! porque cargáis á los hombres con cargas que no pueden llevar, mas vosotros ni aun con un dedo tocáis las cargas.
¡Ay de vosotros! que edificáis los sepulcros de los profetas, y vuestros padres los mataron.
De cierto dais testimonio, y consentís en los hechos de vuestros padres; porque ellos á la verdad los mataron, mas vosotros edificáis sus sepulcros.
Por tanto la sabiduría de Dios también dijo: Enviaréles profetas y apóstoles, y de ellos matarán y echarán fuera;
Para que la sangre de todos los profetas, que fué derramada desde la constitución del mundo, sea demandada de esta generación;
Desde la sangre de Abel, hasta la sangre de Zacarías, que murió entre el altar y el templo: así os digo, será demandada de esta generación.
¡Ay de vosotros, doctores de la ley! que habéis quitado la llave de la ciencia: vosotros mismos no entrasteis, y á los que entraban impedisteis.
Y diciéndoles él estas cosas, los escribas y los Fariseos comenzaron á reconvenirle terriblemente, y á provocarle á que hablase de muchas cosas;
Acechándole, y procurando cazar algo de su boca para acusarle.