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El Evangelio de Lucas es universalmente aceptado como canónico por todas las tradiciones cristianas principales. En la Iglesia Ortodoxa Etíope (Tewahedo), forma parte del canon más amplio de 81 libros.

Lucas

Capítulo 12

1

En esto, juntándose muchas millares de gentes, tanto que se atropellaban unos á otros, comenzó á decir á sus discípulos: Primeramente guardaos de la levadura de los Fariseos, que es la hipocresía.

2

Porque no hay nada encubierto, que no haya de ser descubierto; ni escondido, que no haya de ser sabido.

3

Por tanto, todo lo que habéis dicho en tinieblas, en luz será oído; y lo que hablasteis al oído en las cámaras, será pregonado en los tejados.

4

Mas os digo, amigos míos: No temáis á los que matan el cuerpo, y después no tienen más que hacer.

5

Os enseñaré á quién temáis: Temed al que después de haber quitado la vida, tiene potestad de echar en el infierno; sí, os digo, á éste temed.

6

¿No son vendidos cinco pajarillos por dos blancas? pues ni uno de ellos está olvidado delante de Dios.

7

Antes aun los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. No temáis, pues; más que muchos pajarillos valéis vosotros.

8

Y os digo: Cualquiera que me confesare delante de los hombres, también el Hijo del hombre le confesará delante de los ángeles de Dios;

9

Y el que me negare delante de los hombres, será negado delante de los ángeles de Dios.

10

Y á cualquiera que dijere palabra contra el Hijo del hombre, le será perdonado; mas al que blasfemare contra el Espíritu Santo, no le será perdonado.

11

Y cuando os trajeren á las sinagogas, y á los magistrados, y á las potestades, no os cuidéis cómo ó qué responderéis, ó qué diréis;

12

Porque el Espíritu Santo os enseñará en la misma hora lo que convenga decir.

13

Y uno de la multitud le dijo: Maestro, di á mi hermano que parta conmigo la herencia.

14

Y él le dijo: Hombre, ¿quién me ha puesto por juez, ó partidor sobre vosotros?

15

Y les dijo: Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee.

16

Y refirió una parábola, diciendo: La heredad de un hombre rico había llevado mucho fruto.

17

Y pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré, porque no tengo donde juntar mis frutos?

18

Y dijo: Esto haré: derribaré mis alfolíes, y los edificaré mayores, y allí juntaré todos mis frutos y mis bienes;

19

Y diré á mi alma: Alma, muchos bienes tienes depositados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate.

20

Mas Dios le dijo: Necio, esta noche vuelven á pedir tu alma; y lo que has prevenido, ¿de quién será?

21

Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico en Dios.

22

Y dijo á sus discípulos: Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué comeréis; ni por el cuerpo, qué vestiréis.

23

La vida más es que el alimento, y el cuerpo que el vestido.

24

Considerad los cuervos, que ni siembran, ni siegan; que ni tienen cillero, ni alfolí; y Dios los alimenta. ¿Cuánto más valéis vosotros que las aves?

25

¿Y quién de vosotros, congojándose, podrá añadir á su estatura un codo?

26

Pues si en lo que es menos no podéis, ¿por qué os afanáis de lo demás?

27

Considerad los lirios cómo crecen: no trabajan, ni hilan; y os digo que ni Salomón con toda su gloria se vistió como uno de ellos.

28

Y si la hierba, que hoy está en el campo, y mañana es echada en el horno, Dios la viste así, ¿cuánto más á vosotros, hombres de poca fe?

29

Vosotros pues no preguntéis qué comeréis, ó qué beberéis, ni estéis en suspenso:

30

Porque los hombres del mundo buscan todas estas cosas; mas vuestro Padre sabe que tenéis necesidad de estas cosas.

31

Antes buscad el reino de Dios, y todas estas cosas os serán añadidas.

32

No temáis, manada pequeña; porque al Padre ha placido daros el reino.

33

Vendiendo lo que poseéis, dad limosna; haceos bolsas que no se envejezcan, tesoro en los cielos que no se acabe; donde ladrón no llega, ni polilla destruye.

34

Porque donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.

35

Estén ceñidos vuestros lomos, y vuestras velas encendidas;

36

Y vosotros semejantes á hombres que esperan á su señor, cuando regresará de las bodas; para que cuando viniere, y llamare, luego le abran.

37

Bienaventurados aquellos siervos, á los cuales cuando viniere el señor, hallare velando: de cierto os digo que se ceñirá, y les hará sentar á la mesa, y llegándose les servirá.

38

Y si viniere á la segunda vela, y si á la tercera vela viniere, y hallare así, bienaventurados son aquellos siervos.

39

Esto empero sabed, que si el padre de la familia supiese á qué hora el ladrón había de venir, ciertamente velaría, y no dejaría minar su casa.

40

Vosotros pues también estad apercibidos; porque á la hora que no pensáis, el Hijo del hombre viene.

41

Entonces Pedro le dijo: Señor, ¿dices esta parábola á nosotros, ó también á todos?

42

Y dijo el Señor: ¿Quién es el mayordomo fiel y prudente, al cual el Señor pondrá sobre su familia, para que á tiempo les dé su ración?

43

Bienaventurado aquel siervo, al cual su señor, cuando viniere, hallare haciendo así.

44

En verdad os digo que le pondrá sobre todos sus bienes.

45

Mas si aquel siervo dijere en su corazón: Mi señor tarda en venir; y comenzare á herir á los siervos y siervas, y á comer y beber y embriagarse;

46

Vendrá el señor de aquel siervo en el día que no espera, y á la hora que no sabe, y le castigará, y dará su parte con los infieles.

47

Y aquel siervo que entendió la voluntad de su señor, y no se aparejó, ni hizo conforme á su voluntad, será azotado mucho.

48

Mas el que no entendió, é hizo cosas dignas de azotes, será azotado poco. Porque á todo aquel á quien se dió mucho, mucho se le demandará; y al que mucho se le encomendó, más se le pedirá.

49

Fuego vine á echar en la tierra; ¿y qué quiero sino que ya se encienda?

50

Bautismo tengo que ser bautizado; y ¡cómo me angustio hasta que sea cumplido!

51

¿Pensáis que he venido para dar paz en la tierra? No, os digo; mas disensión.

52

Porque de aquí adelante, si en una casa hay cinco, estarán divididos tres contra dos, y dos contra tres.

53

El padre contra el hijo, y el hijo contra el padre; la madre contra la hija, y la hija contra la madre; la suegra contra su nuera, y la nuera contra su suegra.

54

Y decía también á las gentes: Cuando veis la nube que sale del poniente, luego decís: Agua viene; y así acontece.

55

Y cuando sopla el austro, decís: Hará calor; y lo hace.

56

¡Hipócritas! Sabéis distinguir la faz de la tierra y del cielo; ¿cómo pues no distinguís este tiempo?

57

¿Y por qué aun de vosotros mismos no juzgáis lo que es justo?

58

Pues cuando vas con tu adversario al magistrado, da obra en el camino de librarte de él; porque no te arrastre al juez, y el juez te entregue al alguacil, y el alguacil te eche en la cárcel.

59

Digo te: No saldrás de allí, hasta que pagues aun la última blanca.

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