El Evangelio de Lucas es universalmente aceptado como canónico por todas las tradiciones cristianas principales. En la Iglesia Ortodoxa Etíope (Tewahedo), forma parte del canon más amplio de 81 libros.
Lucas
Capítulo 18
Y dijo también una parábola á ellos, de cuán necesario sea orar siempre, y no desmayar,
Diciendo: Había un juez en una ciudad, el cual no temía á Dios, ni respetaba á hombre.
Había también una viuda en aquella ciudad, y venía á él, diciendo: Hazme justicia de mi adversario.
Y él quiso por algún tiempo; mas después de esto dijo dentro de sí: Aunque ni temo á Dios, ni respeto á los hombres,
Empero porque esta viuda me es molesta, le haré justicia, no sea que viniendo de continuo, me fatigue.
Y dijo el Señor: Oíd lo que dice el juez injusto.
¿Y Dios no hará justicia á sus escogidos, que claman á él día y noche, aunque sea longánime acerca de ellos?
Os digo que presto les hará justicia. Empero cuando viniere el Hijo del hombre, ¿hallará fe en la tierra?
Dijo también esta parábola á unos que confiaban de sí mismos como justos, y menospreciaban á los otros:
Dos hombres subieron al templo á orar: el uno Fariseo, el otro publicano.
El Fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias que no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano;
Ayuno dos veces á la semana, diezmo de todo lo que poseo.
Y el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que hería su pecho, diciendo: Dios, propicio sé á mí pecador.
Os digo que éste descendió á su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se ensalza, será humillado; y el que se humilla, será ensalzado.
Y traían á él también los niños para que los tocase; lo cual viendo los discípulos, les reñían.
Mas Jesús, llamándolos, dijo: Dejad los niños venir á mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de Dios.
De cierto os digo, que el que no recibiere el reino de Dios como un niño, no entrará en él.
Y un príncipe le preguntó, diciendo: Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?
Y Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino sólo Dios.
Los mandamientos sabes: No adulterarás; no matarás; no hurtarás; no dirás falso testimonio; honra á tu padre y á tu madre.
Y él dijo: Todo esto he guardado desde mi juventud.
Y oído esto Jesús, le dijo: Aun te falta una cosa: vende todo lo que tienes, y reparte á los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme.
Y oyendo esto, se puso muy triste, porque era muy rico.
Y Jesús, viéndole muy triste, dijo: ¡Cuán dificilmente entrarán los que tienen riquezas en el reino de Dios!
Porque es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios.
Y los que oyeron esto, dijeron: ¿Quién, pues, podrá ser salvo?
Mas él dijo: Lo que es imposible para con los hombres, es posible para con Dios.
Y Pedro dijo: He aquí nosotros hemos dejado nuestras posesiones, y te hemos seguido.
Y él les dijo: De cierto os digo, que no hay nadie que haya dejado casa, ó padres, ó hermanos, ó mujer, ó hijos, por el reino de Dios,
Que no haya de recibir mucho más en este tiempo, y en el siglo venidero la vida eterna.
Y tomando á los doce, les dijo: He aquí subimos á Jerusalem, y se cumplirán todas las cosas escritas por los profetas acerca del Hijo del hombre.
Porque será entregado á los Gentiles, y escarnecerá, y será afrentado, y escupido;
Y después que le azotaren, le matarán; mas al tercer día resucitará.
Mas ellos nada de esto entendían, y esta palabra les era encubierta, y no comprendían lo que les era dicho.
Y aconteció que llegando cerca de Jericó, un ciego estaba sentado junto al camino mendigando:
Y como oyó pasar la multitud, preguntó qué era aquello.
Y le dijeron: Jesús Nazareno pasa.
Entonces él clamó, diciendo: ¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!
Y los que iban delante, le reprendían para que callase; mas él clamaba mucho más: ¡Hijo de David, ten misericordia de mí!
Y parándose Jesús, mandó que le trajesen á sí; y como llegó, le preguntó,
Diciendo: ¿Qué quieres que te haga? Y él dijo: Señor, que reciba la vista.
Y Jesús le dijo: Recibe la vista; tu fe te ha salvado.
Y luego vió, y le seguía, glorificando á Dios; y todo el pueblo, como vió, dió alabanza á Dios.