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El Evangelio de Lucas es universalmente aceptado como canónico por todas las tradiciones cristianas principales. En la Iglesia Ortodoxa Etíope (Tewahedo), forma parte del canon más amplio de 81 libros.

Lucas

Capítulo 19

1

Y habiendo entrado Jesús, iba pasando por Jericó.

2

Y he aquí un varón llamado Zaqueo, el cual era principal de los publicanos, y rico.

3

Y procuraba ver quién fuese Jesús; mas no podía á causa de la multitud, porque era pequeño de estatura.

4

Y corriendo delante, subióse á un árbol sicómoro para verle; porque había de pasar por allí.

5

Y como llegó á aquel lugar, mirando Jesús, le vió, y díjole: Zaqueo, date prisa, desciende; porque hoy es necesario que pose yo en tu casa.

6

Entonces él descendió apriesa, y le recibió gozoso.

7

Y viendo esto, todos murmuraban, diciendo que había entrado á posar con un hombre pecador.

8

Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy á los pobres; y si en algo he defraudado á alguno, lo vuelvo con el cuatro tanto.

9

Y Jesús le dijo: Hoy ha venido la salud á esta casa; por cuanto también él es hijo de Abraham.

10

Porque el Hijo del hombre vino á buscar y á salvar lo que se había perdido.

11

Y oyendo ellos estas cosas, prosiguió Jesús y dijo una parábola, por cuanto estaba cerca de Jerusalem, y pensaban ellos que luego había de ser manifestado el reino de Dios.

12

Dijo pues: Un hombre noble partió á una provincia lejana, para recibir para sí un reino, y volver.

13

Y llamando diez siervos suyos, les dió diez libras, y díjoles: Negociad hasta que venga.

14

Mas sus conciudadanos le aborrecían, y enviaron tras de él una embajada, diciendo: No queremos que éste reine sobre nosotros.

15

Y aconteció que vuelto él, después de haber recibido el reino, mandó llamar á los siervos á quienes había dado el dinero, para saber lo que había negociado cada uno.

16

Y vino el primero, diciendo: Señor, tu libra ha ganado diez libras.

17

Y él le dijo: Bien, buen siervo; pues que en lo poco has sido fiel, tendrás potestad sobre diez ciudades.

18

Y vino otro, diciendo: Señor, tu libra ha hecho cinco libras.

19

Y también á éste dijo: Tú también sé sobre cinco ciudades.

20

Y vino otro, diciendo: Señor, he aquí tu libra, la cual he tenido guardada en un pañizuelo;

21

Porque tuve miedo de ti, por cuanto eres hombre severo; tomas lo que no pusiste, y siegas lo que no sembraste.

22

Entonces él le dijo: Mal siervo, por tu boca te juzgo. Sabías que yo era hombre severo, que tomo lo que no puse, y que siego lo que no sembré;

23

¿Pues por qué no diste mi dinero al banco, y yo viniendo, lo demandara con el logro?

24

Y dijo á los que estaban delante: Quitadle la libra, y dadla al que tiene las diez libras.

25

Y ellos le dijeron: Señor, tiene diez libras.

26

Pues os digo que á cualquiera que tuviere, le será dado; mas al que no tuviere, aun lo que tiene le será quitado.

27

Y también aquellos mis enemigos que no querían que yo reinase sobre ellos, traedlos acá, y degolladlos delante de mí.

28

Y hablando estas cosas, iba delante subiendo á Jerusalem.

29

Y aconteció que llegando cerca de Bethfagé y de Bethania, al monte que se llama de las Olivas, envió dos de sus discípulos,

30

Diciendo: Id á la aldea de enfrente; cuando entrareis en ella, hallaréis un pollino atado, en el que ningún hombre se ha sentado; desatadle, y traedle.

31

Y si alguien os preguntare: ¿Por qué le desatáis? así le responderéis: Porque el Señor lo ha menester.

32

Y fueron los enviados, y hallaron como les dijo.

33

Y desatando ellos el pollino, sus dueños les dijeron: ¿Por qué desatáis el pollino?

34

Y ellos dijeron: Porque el Señor lo ha menester.

35

Y trajéronlo á Jesús; y echando sus vestidos sobre el pollino, pusieron á Jesús encima.

36

Y yendo él, tendían sus vestidos por el camino.

37

Y llegando ya cerca de la bajada del monte de las Olivas, toda la multitud de los discípulos, gozándose, comenzaron á alabar á Dios á gran voz por todas las maravillas que habían visto,

38

Diciendo: ¡Bendito el rey que viene en el nombre del Señor! Paz en el cielo, y gloria en las alturas.

39

Entonces algunos de los Fariseos de la multitud le dijeron: Maestro, reprende á tus discípulos.

40

Y él respondiendo, les dijo: Os digo que si éstos callaren, las piedras clamarán.

41

Y como llegó cerca, viendo la ciudad, lloró sobre ella,

42

Diciendo: ¡O si también tú conocieses, a lo menos en este tu día, lo que toca á tu paz! empero ahora está encubierto de tus ojos.

43

Porque vendrán días sobre ti, que tus enemigos te cercarán con vallado, y te combatirán, y te pondrán cerco por todas partes,

44

Y te derribarán á tierra, y á tus hijos dentro de ti; y no dejarán sobre ti piedra sobre piedra, por cuanto no conociste el tiempo de tu visitación.

45

Y entrando en el templo, comenzó á echar fuera á los que vendían y compraban en él,

46

Diciéndoles: Escrito está: Mi casa, casa de oración es; mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones.

47

Y enseñaba cada día en el templo; mas los príncipes de los sacerdotes y los escribas y los principales del pueblo procuraban matarle.

48

Y no hallaban qué hacerle; porque todo el pueblo estaba suspenso oyéndole.

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