El Evangelio de Lucas es universalmente aceptado como canónico por todas las tradiciones cristianas principales. En la Iglesia Ortodoxa Etíope (Tewahedo), forma parte del canon más amplio de 81 libros.
Lucas
Capítulo 22
ESTABA cerca el día de la fiesta de los ázimos, que se llama la Pascua.
Y los príncipes de los sacerdotes y los escribas buscaban cómo le matarían; mas temían al pueblo.
Y entró Satanás en Judas, por sobrenombre Iscariote, el cual era uno del número de los doce;
Y fué, y habló con los príncipes de los sacerdotes, y con los oficiales, de cómo se lo entregaría.
Y ellos se holgaron, y concertaron de darle dinero.
Y prometió, y buscaba oportunidad para entregárselo sin bullicio.
Y vino el día de los ázimos, en el cual era necesario sacrificar la pascua.
Y envió á Pedro y á Juan, diciendo: Id, aparejadnos la pascua, para que comamos.
Y ellos le dijeron: ¿Dónde quieres que aparejemos?
Y él les dijo: He aquí, cuando entrareis en la ciudad, os encontrará un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidle hasta la casa donde entrare,
Y diréis al padre de la familia de la casa: El Maestro te dice: ¿Dónde está el aposento donde tengo de comer la pascua con mis discípulos?
Entonces él os mostrará un gran cenáculo alto aderezado; aparejad allí.
Y fueron, y hallaron como les había dicho; y aparejaron la pascua.
Y cuando fué hora, se sentó á la mesa, y con él los apóstoles.
Y les dijo: ¡Cuánto he deseado comer esta pascua con vosotros antes que padezca!
Porque os digo, que no comeré más de ella, hasta que sea cumplida en el reino de Dios.
Y tomando el vaso, habiendo dado gracias, dijo: Tomad esto, y repartidlo entre vosotros;
Porque os digo, que no beberé del fruto de la vid, hasta que el reino de Dios venga.
Y tomando el pan, habiendo dado gracias, partió, y les dió, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí.
Asimismo también el vaso, después de haber cenado, diciendo: Este vaso es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama.
Mas he aquí, la mano del que me entrega, conmigo en la mesa.
Y á la verdad el Hijo del hombre va, según lo está determinado; mas ¡ay de aquel hombre por quien es entregado!
Y ellos comenzaron á preguntar entre sí, cuál de ellos sería el que había de hacer esto.
Y hubo entre ellos una contienda, quién de ellos parecía ser el mayor.
Y él les dijo: Los reyes de los Gentiles se enseñorean de ellos, y los que sobre ellos tienen potestad, son llamados bienhechores.
Mas no así vosotros; antes el mayor entre vosotros, sea como el más mozo; y el que es príncipe, como el que sirve.
Porque ¿cuál es mayor, el que se sienta á la mesa, ó el que sirve? ¿No es el que se sienta á la mesa? Mas yo soy entre vosotros como el que sirve.
Y vosotros sois los que habéis permanecido conmigo en mis tentaciones.
Yo pues os ordeno un reino, como mi Padre me lo ordenó á mí,
Para que comáis y bebáis sobre mi mesa en mi reino, y os sentéis sobre tronos juzgando á las doce tribus de Israel.
Dijo también el Señor: Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandar como trigo;
Mas yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma á tus hermanos.
Y él le dijo: Señor, aparejado estoy á ir contigo aun á cárcel y á muerte.
Y él dijo: Pedro, te digo que el gallo no cantará hoy antes que tú niegues tres veces que me conoces.
Y á ellos dijo: Cuando os envié sin bolsa, y sin alforja, y sin zapatos, ¿os faltó algo? Y ellos dijeron: Nada.
Y les dijo: Pues ahora, el que tiene bolsa, tómela, y también la alforja; y el que no tiene, venda su capa, y compre espada.
Porque os digo, que aun es necesario que esto que está escrito se cumpla en mí: Y con los inicuos fué contado. Porque las cosas que son de mí, tienen fin.
Y ellos dijeron: Señor, he aquí dos espadas. Y él les dijo: Bastante es.
Y saliendo, se fué, como solía, al monte de las Olivas; y sus discípulos también le siguieron.
Y como llegó á aquel lugar, les dijo: Orad que no entréis en tentación.
Y él se apartó de ellos como un tiro de piedra; y puesto de rodillas, oró,
Diciendo: Padre, si quieres, pasa de mí este vaso; empero no se haga mi voluntad, sino la tuya.
Y le apareció un ángel del cielo confortándole.
Y estando en agonía, oraba más intensamente; y fué su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra.
Y cuando se levantó de la oración, vino á sus discípulos, y los halló durmiendo á causa de la tristeza;
Y les dice: ¿Por qué dormís? Levantaos, y orad para que no entréis en tentación.
Mientras aun hablaba él, he aquí una turba, y el que se llamaba Judas, uno de los doce, iba delante de ellos; y se acercó á Jesús para besarlo.
Y Jesús le dijo: Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del hombre?
Y viendo los que estaban con él lo que había de ser, le dijeron: Señor, ¿heriremos á cuchillo?
Y uno de ellos hirió á un siervo del sumo sacerdote, y le cortó la oreja derecha.
Entonces respondiendo Jesús, dijo: Dejad hasta aquí. Y tocando su oreja, le sanó.
Y Jesús dijo á los que habían venido á él, á los príncipes de los sacerdotes, y á los oficiales del templo, y á los ancianos: ¿Como contra un ladrón habéis salido con espadas y con palos?
Estando cada día con vosotros en el templo, no extendisteis las manos contra mí; mas ésta es vuestra hora, y la potestad de las tinieblas.
Y prendiéndole, lleváronle, y metiéronle en casa del sumo sacerdote. Y Pedro le seguía de lejos.
Y cuando encendieron fuego en medio del atrio, y se sentaron alrededor, Pedro se sentó entre ellos.
Y como una criada le vió sentado al fuego, le miró, y dijo: Y éste con él estaba.
Mas él negó, diciendo: Mujer, no le conozco.
Y un poco después, viéndole otro, dijo: Y tú de ellos eres. Y Pedro dijo: Hombre, no soy.
Y como pasada como una hora, otro afirmaba, diciendo: Verdaderamente también éste con él estaba; porque es Galileo.
Y Pedro dijo: Hombre, no sé lo que dices. Y luego, estando él aún hablando, el gallo cantó.
Entonces, vuelto el Señor, miró á Pedro; y Pedro se acordó de la palabra del Señor como le había dicho: Antes que el gallo cante, me negarás tres veces.
Y saliendo fuera Pedro, lloró amargamente.
Y los hombres que tenían á Jesús, le escarnecían, hiriéndole;
Y vendándole los ojos, le herían en el rostro, y le preguntaban, diciendo: Profetiza, ¿quién es el que te hirió?
Y otras muchas cosas decían contra él, blasfemando.
Y como fué de día, se juntaron los ancianos del pueblo, y los príncipes de los sacerdotes, y los escribas, y le trajeron al concilio,
Diciendo: Si tú eres el Cristo, dínoslo. Y les dijo: Si os lo dijere, no creeréis;
Y si también preguntare, no me responderéis, ni me soltaréis.
Mas desde ahora el Hijo del hombre se asentará á la diestra de la potencia de Dios.
Dijeron entonces todos: ¿Luego tú eres Hijo de Dios? Y él les dijo: Vosotros decís que yo soy.
Y ellos dijeron: ¿Qué necesidad tenemos aún de testimonio? porque nosotros mismos lo hemos oído de su boca.