El Evangelio de Lucas es universalmente aceptado como canónico por todas las tradiciones cristianas principales. En la Iglesia Ortodoxa Etíope (Tewahedo), forma parte del canon más amplio de 81 libros.
Lucas
Capítulo 4
Y Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán, y fué llevado del Espíritu al desierto,
Por cuarenta días, y era tentado del diablo. Y no comió nada en aquellos días; y después que fueron cumplidos, tuvo hambre.
Y el diablo le dijo: Si eres Hijo de Dios, di á esta piedra que se haga pan.
Y Jesús respondiéndole, dijo: Escrito está: No con solo pan vivirá el hombre, sino con toda palabra de Dios.
Y el diablo, llevándole á un alto monte, le mostró en un momento todos los reinos de la tierra.
Y le dice el diablo: A ti te daré toda esta potestad, y la gloria de ellos; porque á mí es entregada, y á quien quiero la doy.
Si pues me adorares, toda será tuya.
Y respondiendo Jesús, le dijo: Vete de mí, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y á él solo servirás.
Y le llevó á Jerusalem, y púsole sobre las almenas del templo, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate de aquí abajo;
Porque escrito está: Que á sus ángeles mandará acerca de ti, que te guarden;
Y en las manos te llevarán, porque nunca tropieces con tu pie en piedra.
Y respondiendo Jesús, le dijo: Dicho está: No tentarás al Señor tu Dios.
Y acabada toda la tentación, el diablo se fué de él por algún tiempo.
Y volvió Jesús por el Espíritu á Galilea, y salió la fama de él por toda la tierra de alrededor.
Y enseñaba en las sinagogas de ellos, y era glorificado de todos.
Y vino á Nazaret, donde había sido criado; y entró, conforme á su costumbre, el día del sábado en la sinagoga, y se levantó á leer.
Y se le dió el libro del profeta Isaías; y abierto el libro, halló el lugar donde estaba escrito:
El Espíritu del Señor es sobre mí, Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas á los pobres; Me ha enviado para sanar á los quebrantados de corazón; Para pregonar á los cautivos libertad, Y á los ciegos vista; Para poner en libertad á los quebrantados;
Para predicar el año agradable del Señor.
Y enrollando el libro, lo dió al ministro, y se sentó; y los ojos de todos en la sinagoga estaban puestos en él.
Y comenzó á decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura en vuestros oídos.
Y todos daban testimonio de él, y estaban maravillados de las palabras de gracia que salían de su boca, y decían: ¿No es éste el hijo de José?
Y él les dijo: Sin duda me diréis este refrán: Médico, sánate á ti mismo; todo lo que oímos haber acontecido en Capernaum, hazlo también aquí en tu tierra.
Y dijo: De cierto os digo, que ningún profeta es acepto en su tierra.
Y en verdad os digo, que muchas viudas había en Israel en los días de Elías, cuando el cielo fué cerrado por tres años y seis meses, y hubo una grande hambre en toda la tierra;
Mas á ninguna de ellas fué enviado Elías, sino á Sarepta de Sidón, á una mujer viuda.
Y muchos leprosos había en Israel en tiempo del profeta Eliseo; mas ninguno de ellos fué limpio, sino Naamán, el Siro.
Y todos en la sinagoga, oyendo estas cosas, fueron llenos de ira;
Y levantándose, le echaron fuera de la ciudad, y le llevaron hasta la cumbre del monte sobre el cual su ciudad estaba edificada, para despeñarle.
Mas él, pasando por medio de ellos, se fué.
Y descendió á Capernaum, ciudad de Galilea; y les enseñaba en los sábados.
Y se maravillaban de su doctrina, porque su palabra era con potestad.
Y había en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu de demonio inmundo, el cual exclamó á gran voz,
Diciendo: ¡Ah! ¿qué tienes con nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido á destruirnos? Te conozco quién eres: el Santo de Dios.
Y Jesús le reprendió, diciendo: Enmudece, y sal de él. Entonces el demonio, derribándole en medio, salió de él, y no le hizo daño alguno.
Y hubo temor en todos, y hablaban unos á otros, diciendo: ¿Qué palabra es ésta, que con potestad y virtud manda á los espíritus inmundos, y salen?
Y su fama se divulgaba por todos los lugares de la provincia alrededor.
Y levantándose de la sinagoga, entró en casa de Simón. Y la suegra de Simón estaba fatigada con una grande calentura; y le rogaron por ella.
E inclinándose sobre ella, reprendió á la calentura; y la calentura la dejó; y levantándose ella luego, les servía.
Y poniéndose el sol, todos los que tenían enfermos de diversas enfermedades, los traían á él; y él, poniendo las manos sobre cada uno de ellos, los sanaba.
Y también demonios salían de muchos, dando voces y diciendo: Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios. Y reprendiéndoles, no les dejaba hablar, porque sabían que él era el Cristo.
Y como fué de día, salió, y se fué á un lugar desierto; y la gente le buscaba, y vinieron hasta él, y le detenían para que no se apartase de ellos.
Mas él les dijo: Es necesario que á otras ciudades también anuncie el evangelio del reino de Dios; porque para esto soy enviado.
Y predicaba en las sinagogas de Galilea.