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El Evangelio de Lucas es universalmente aceptado como canónico por todas las tradiciones cristianas principales. En la Iglesia Ortodoxa Etíope (Tewahedo), forma parte del canon más amplio de 81 libros.

Lucas

Capítulo 7

1

Y después que acabó todas sus palabras oyendo el pueblo, entró en Capernaum.

2

Y el siervo de un centurión, al cual él quería mucho, estaba enfermo á punto de morir.

3

Y como oyó hablar de Jesús, le envió ancianos de los Judíos, rogándole que viniese y sanase á su siervo.

4

Y ellos, cuando vinieron á Jesús, le rogaron con diligencia, diciéndole: Que es digno de que le concedas esto;

5

Porque ama á nuestra nación, y él nos edificó una sinagoga.

6

Y Jesús fué con ellos. Y estando ya no lejos de su casa, el centurión envió amigos á él, diciéndole: Señor, no te molestes; que no soy digno de que entres debajo de mi techo;

7

Por lo que ni aun me tuve por digno de venir á ti; mas di la palabra, y mi siervo será sano.

8

Porque yo también soy hombre puesto bajo autoridad, y tengo soldados debajo de mí; y digo á éste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y á mi siervo: Haz esto, y lo hace.

9

Lo cual oyendo Jesús, se maravilló de él; y volviéndose, dijo á la gente que le seguía: Os digo que ni aun en Israel he hallado tan grande fe.

10

Y vueltos á casa los que fueron enviados, hallaron sano al siervo que había estado enfermo.

11

Y aconteció después, que él iba á la ciudad que se llama Naín, é iban con él muchos de sus discípulos, y gran multitud.

12

Y como llegó cerca de la puerta de la ciudad, he aquí que llevaban á enterrar un difunto, hijo único de su madre, la cual era viuda; y con ella una gran multitud de la ciudad.

13

Y cuando el Señor la vió, se compadeció de ella, y le dijo: No llores.

14

Y llegándose, tocó el féretro; y los que lo llevaban se pararon. Y dijo: Mancebo, á ti digo, levántate.

15

Y el que había estado muerto, se incorporó, y comenzó á hablar. Y él lo dió á su madre.

16

Y todos tuvieron miedo, y glorificaban á Dios, diciendo: Un gran profeta se ha levantado entre nosotros; y Dios ha visitado á su pueblo.

17

Y salió esta fama de él por toda Judea, y por toda la tierra de alrededor.

18

Y sus discípulos dieron las nuevas á Juan de todas estas cosas.

19

Y llamando Juan á dos de sus discípulos, los envió á Jesús, diciendo: ¿Eres tú aquél que había de venir, ó esperaremos á otro?

20

Y como vinieron á él, le dijeron: Juan el Bautista nos ha enviado á ti, diciendo: ¿Eres tú aquél que había de venir, ó esperaremos á otro?

21

Y en la misma hora sanó muchos de enfermedades y plagas, y de malos espíritus; y á muchos ciegos dió la vista.

22

Y respondiendo Jesús, les dijo: Id, haced saber á Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos resucitan, á los pobres es anunciado el evangelio.

23

Y bienaventurado es cualquiera que no fuere escandalizado en mí.

24

Y como se fueron los mensajeros de Juan, comenzó á hablar de Juan á las gentes: ¿Qué salisteis á ver al desierto? ¿una caña que es movida por el viento?

25

Mas ¿qué salisteis á ver? ¿un hombre vestido de vestidos delicados? He aquí los que están con vestido precioso, y en delicias, están en los palacios de los reyes.

26

Mas ¿qué salisteis á ver? ¿un profeta? También os digo, y más que profeta.

27

Este es de quien está escrito: He aquí, yo envío mi mensajero delante de tu faz, El cual aparejará tu camino delante de ti.

28

Porque os digo, que entre los nacidos de mujeres, no hay mayor profeta que Juan el Bautista; mas el más pequeño en el reino de Dios, mayor es que él.

29

Y todo el pueblo oyéndole, y los publicanos, justificaron á Dios, bautizados con el bautismo de Juan.

30

Mas los Fariseos y los doctores de la ley desecharon el consejo de Dios contra sí mismos, no siendo bautizados de él.

31

Y dijo el Señor: ¿Pues á qué compararé los hombres de esta generación? ¿y á qué son semejantes?

32

Semejantes son á los muchachos sentados en la plaza, que dan voces los unos á los otros, y dicen: Os cantamos con flauta, y no bailasteis; os endechamos, y no llorasteis.

33

Porque vino Juan el Bautista, que no comía pan ni bebía vino, y decís: Demonio tiene.

34

Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y decís: He aquí un hombre comilón y bebedor de vino, amigo de publicanos y pecadores.

35

Mas la sabiduría es justificada de todos sus hijos.

36

Y uno de los Fariseos le rogó que comiese con él. Y entrado en casa del Fariseo, se sentó á la mesa.

37

Entonces una mujer de la ciudad, que era pecadora, como supo que estaba sentado á la mesa en casa del Fariseo, trajo un vaso de alabastro de ungüento;

38

Y estando detrás, á sus pies, llorando, comenzó á regar sus pies con lágrimas, y los enjugaba con los cabellos de su cabeza; y besaba sus pies, y los ungía con el ungüento.

39

Y como vió esto el Fariseo que le había convidado, dijo para sí: Este, si fuera profeta, conocería quién y cuál es la mujer que le toca, que es pecadora.

40

Entonces respondiendo Jesús, le dijo: Simón, una cosa tengo que decirte. Y él dijo: Di, Maestro.

41

Un acreedor tenía dos deudores: el uno le debía quinientos denarios, y el otro cincuenta.

42

Y no teniendo ellos de qué pagar, perdonó á ambos. Dime pues, ¿cuál de ellos le amará más?

43

Y respondiendo Simón, dijo: Pienso que aquél á quien perdonó más. Y él le dijo: Rectamente has juzgado.

44

Y vuelto á la mujer, dijo á Simón: ¿Ves esta mujer? Entré en tu casa, no me diste agua para mis pies; mas ésta ha regado mis pies con lágrimas, y los ha enjugado con sus cabellos.

45

No me diste beso; mas ésta, desde que entré, no ha cesado de besar mis pies.

46

No ungiste mi cabeza con aceite; mas ésta ha ungido con ungüento mis pies.

47

Por lo cual te digo que sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho; mas al que poco se le perdona, poco ama.

48

Y á ella dijo: Tus pecados te son perdonados.

49

Y los que estaban juntamente sentados á la mesa, comenzaron á decir entre sí: ¿Quién es éste, que también perdona pecados?

50

Y dijo á la mujer: Tu fe te ha salvado, ve en paz.

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