El Evangelio de Lucas es universalmente aceptado como canónico por todas las tradiciones cristianas principales. En la Iglesia Ortodoxa Etíope (Tewahedo), forma parte del canon más amplio de 81 libros.
Lucas
Capítulo 8
Y aconteció después, que él andaba por todas las ciudades y aldeas, predicando y anunciando el evangelio del reino de Dios; y los doce con él,
Y algunas mujeres que habían sido sanadas de malos espíritus y de enfermedades: María, la que se llama Magdalena, de la cual habían salido siete demonios;
Y Juana, mujer de Chuza, mayordomo de Herodes, y Susana, y otras muchas que le servían de sus haciendas.
Y juntándose una gran multitud, y los que de cada ciudad venían á él, les dijo por parábola:
Un sembrador salió á sembrar su simiente; y mientras sembraba, una parte cayó junto al camino, y fué hollada, y las aves del cielo la comieron.
Y otra parte cayó sobre la piedra; y nacida, se secó, porque no tenía humedad.
Y otra parte cayó entre espinas; y las espinas que nacieron juntamente, la ahogaron.
Y otra parte cayó en buena tierra; y nacida, llevó fruto cien por uno. Diciendo estas cosas, clamaba: El que tiene oídos para oír, oiga.
Y sus discípulos le preguntaron, diciendo: ¿Qué significa esta parábola?
Y él dijo: A vosotros es dado saber los misterios del reino de Dios; mas á los otros por parábolas, para que viendo no vean, y oyendo no entiendan.
Y la parábola es ésta: La simiente es la palabra de Dios.
Y los de junto al camino, éstos son los que oyen; mas luego viene el diablo y quita la palabra de sus corazones, porque no crean y se salven.
Y los de sobre la piedra, éstos son los que cuando han oído, reciben la palabra con gozo; mas éstos no tienen raíces; que por algún tiempo creen, y en el tiempo de la tentación se apartan.
Y la que cayó entre espinas, éstos son los que oyen; mas yéndose, son ahogados de los cuidados y de las riquezas y de los deleites de la vida, y no llevan fruto.
Mas la que en buena tierra, éstos son los que con corazón bueno y recto retienen la palabra oída, y llevan fruto en paciencia.
Y nadie que enciende la vela, la cubre con vaso, ó la pone debajo de la cama; mas la pone en un candelero, para que los que entran vean la luz.
Porque no hay cosa oculta, que no haya de ser manifestada; ni escondido, que no haya de ser conocido, y de salir á luz.
Mirad pues cómo oís; porque á cualquiera que tuviere, le será dado; y á cualquiera que no tuviere, aun lo que parece tener le será quitado.
Y vinieron á él su madre y hermanos, y no podían llegar á él por causa de la multitud.
Y se le avisó, diciendo: Tu madre y tus hermanos están fuera, los cuales quieren verte.
El entonces respondiendo, les dijo: Mi madre y mis hermanos son los que oyen la palabra de Dios, y la hacen.
Y aconteció un día, que él entró en un barco con sus discípulos, y les dijo: Pasemos de la otra parte del lago. Y partieron.
Y mientras navegaban, él se durmió. Y sobrevino una tempestad de viento en el lago; y se anegaban, y peligraban.
Y llegándose á él, le despertaron, diciendo: ¡Maestro, Maestro, que perecemos! Y él, despertando, reprendió al viento y á las ondas; y cesaron, y se hizo bonanza.
Y les dice: ¿Dónde está vuestra fe? Y teniendo miedo, se maravillaron, y se dijeron unos á otros: ¿Quién es éste, que aun á los vientos y á las aguas manda, y le obedecen?
Y navegaron á la provincia de los Gergesenos, la cual está en frente de Galilea.
Y saliendo él á tierra, le vino al encuentro un hombre de la ciudad, que tenía demonios mucho tiempo, y no vestía vestido, ni moraba en casa, sino en los sepulcros.
El cual, como vió á Jesús, exclamó, y postrándose delante de él, dijo á gran voz: ¿Qué tengo yo contigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Te ruego que no me atormentes.
Porque mandaba al espíritu inmundo que saliese del hombre; porque muchas veces le arrebataba; y le guardaban con cadenas y grillos, rompiendo las prisiones, era llevado del demonio á los desiertos.
Y Jesús le preguntó, diciendo: ¿Cómo te llamas? Y él dijo: Legión. Porque muchos demonios habían entrado en él.
Y le rogaban que no les mandase ir al abismo.
Y había allí una manada de muchos puercos que paciendo en el monte; y le rogaron que les permitiese entrar en ellos; y los permitió.
Y saliendo los demonios del hombre, entraron en los puercos; y la manada se arrojó por un despeñadero al lago, y se ahogó.
Y como vieron los que los apacentaban lo que había acontecido, huyeron, y yéndolo anunciaron en la ciudad y por los campos.
Y salieron á ver lo que había sucedido; y vinieron á Jesús, y hallaron al hombre, del cual habían salido los demonios, sentado á los pies de Jesús, vestido, y en su juicio cabal; y tuvieron miedo.
Y los que lo habían visto, les contaron cómo el endemoniado había sido salvo.
Entonces toda la multitud de la provincia de los Gergesenos le rogaron que se fuese de ellos; porque tenían gran temor. Y él, subiendo en el barco, se volvió.
Y aquel hombre de quien habían salido los demonios, le rogaba que le dejase estar con él; mas Jesús le despidió, diciendo:
Vuélvete á tu casa, y cuenta cuán grandes cosas ha hecho Dios contigo. Y él se fué, publicando por toda la ciudad cuán grandes cosas había hecho Jesús con él.
Y aconteció que cuando volvió Jesús, la gente le recibió con gozo; porque todos le estaban esperando.
Y he aquí, vino un varón llamado Jairo, el cual era príncipe de la sinagoga; y postrado á los pies de Jesús, le rogaba que entrase en su casa;
Porque tenía una hija única, como de doce años, que se estaba muriendo. Y mientras iba, le apretaba la multitud.
Entonces una mujer, que había ya doce años padecía flujo de sangre, y había gastado en médicos toda su hacienda, y de ninguno había podido ser sanada,
Llegándose por detrás, tocó el borde de su vestido; y luego cesó el flujo de su sangre.
Y Jesús dijo: ¿Quién es el que me ha tocado? Y negando todos, dijo Pedro y los que con él estaban: Maestro, la multitud te aprieta y oprime, y dices: ¿Quién es el que me ha tocado?
Y Jesús dijo: Alguien me ha tocado; porque yo he conocido que virtud ha salido de mí.
Entonces viendo la mujer que no había sido oculta, vino temblando, y postrándose delante de él, le manifestó delante de todo el pueblo la causa por que le había tocado, y cómo luego había sido sanada.
Y él le dijo: Hija, tu fe te ha salvado; ve en paz.
Hablando él aún, vino uno de la casa del príncipe de la sinagoga, diciendo á Jairo: Tu hija es muerta; no molestes más al Maestro.
Y Jesús, oyéndolo, le respondió, diciendo: No temas; cree solamente, y será salva.
Y como entró en casa, no permitió entrar con nadie sino á Pedro, y á Jacobo, y á Juan, y al padre y á la madre de la muchacha.
Y lloraban todos, y la plañían. Mas él dijo: No lloréis; no es muerta, mas duerme.
Y hacían burla de él, sabiendo que era muerta.
Mas él, echándolos fuera todos, y trabada de su mano, clamó diciendo: Muchacha, levántate.
Y su espíritu volvió, y luego se levantó; y él mandó que le diesen de comer.
Y sus padres estaban atónitos; y Jesús les mandó que no dijesen á nadie lo que había sucedido.