🔊 ESCUCHAR CAPÍTULO

El Evangelio de Lucas es universalmente aceptado como canónico por todas las tradiciones cristianas principales. En la Iglesia Ortodoxa Etíope (Tewahedo), forma parte del canon más amplio de 81 libros.

Lucas

Capítulo 9

1

Y convocando á sus doce discípulos, les dió virtud y potestad sobre todos los demonios, y que sanasen enfermedades.

2

Y los envió á predicar el reino de Dios, y á sanar los enfermos.

3

Y les dijo: No toméis nada para el camino, ni bordón, ni alforja, ni pan, ni dinero; ni llevéis dos túnicas.

4

Y en cualquiera casa donde entrareis, quedad allí, y de allí salid.

5

Y cualquiera que no os recibiere, saliendo de aquella ciudad, aun el polvo de vuestros pies sacudid en testimonio contra ellos.

6

Y saliendo, pasaban por todas las aldeas, anunciando el evangelio, y sanando por todas partes.

7

Y oyó Herodes el tetrarca todas las cosas que hacía; y estaba confuso, porque decían unos: Juan ha resucitado de los muertos;

8

Y otros: Elías ha aparecido; y otros: Un profeta de los antiguos ha resucitado.

9

Y dijo Herodes: A Juan yo le degollé: ¿quién pues es éste de quien oigo tales cosas? Y procuraba verle.

10

Y vueltos los apóstoles, le contaron todo lo que habían hecho. Y tomándolos, se retiró aparte á un lugar desierto de la ciudad llamada Betsaida.

11

Y como la gente lo entendió, le siguieron; y él los recibió, y les hablaba del reino de Dios, y á los que tenían necesidad de sanidad, sanaba.

12

Y el día comenzaba á declinar; y llegándose los doce, le dijeron: Despide á la multitud, para que yendo á las aldeas y heredades de alrededor, se alberguen y hallen mantenimiento; porque aquí estamos en lugar desierto.

13

Y él les dijo: Dadles vosotros de comer. Y ellos dijeron: No tenemos más de cinco panes y dos pescados, si no vamos nosotros á comprar viandas para toda esta multitud.

14

Y eran como cinco mil hombres. Entonces dijo á sus discípulos: Hacedlos sentar en compañías, de cincuenta en cincuenta.

15

Y así lo hicieron, haciéndoles sentar á todos.

16

Y tomando los cinco panes y los dos peces, levantando los ojos al cielo, los bendijo, y partió, y dió á sus discípulos que los pusiesen delante de la multitud.

17

Y comieron todos, y se hartaron; y alzaron lo que les sobró, doce cestos de pedazos.

18

Y aconteció que mientras él oraba aparte, estaban con él los discípulos; y les preguntó, diciendo: ¿Quién dice la gente que soy?

19

Y ellos respondiendo, dijeron: Juan Bautista; y otros, Elías; y otros, que algún profeta de los antiguos ha resucitado.

20

Y les dijo: ¿Y vosotros, quién decís que soy? Entonces respondiendo Pedro, dijo: El Cristo de Dios.

21

Mas él, apercibiendo y mandando á ellos, dijo á nadie esto;

22

Diciendo: Es necesario que el Hijo del hombre padezca muchas cosas, y sea desechado de los ancianos, de los príncipes de los sacerdotes y de los escribas, y sea muerto, y resucite al tercer día.

23

Y decía á todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese á sí mismo, y tome su cruz cada día, y sígame.

24

Porque cualquiera que quisiere salvar su vida, la perderá; y cualquiera que perdiere su vida por causa de mí, la salvará.

25

Porque ¿qué aprovecha al hombre, si granjeare todo el mundo, y se destruya, ó se pierda á sí mismo?

26

Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras, de éste se avergonzará el Hijo del hombre, cuando viniere en su gloria, y del Padre, y de los santos ángeles.

27

Y os digo en verdad, que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que vean el reino de Dios.

28

Y aconteció como ocho días después de estas palabras, que tomó á Pedro y á Juan y á Jacobo, y subió al monte á orar.

29

Y entre tanto que oraba, la apariencia de su rostro se hizo otra, y su vestido blanco y resplandeciente.

30

Y he aquí dos varones que hablaban con él; los cuales eran Moisés y Elías;

31

Quienes apareciendo con gloria, hablaban de la partida que él había de cumplir en Jerusalem.

32

Y Pedro y los que estaban con él, estaban cargados de sueño; y como despertaron, vieron su gloria, y á aquellos dos varones que estaban con él.

33

Y aconteció que apartándose ellos de él, Pedro dijo á Jesús: Maestro, bien es que nos quedemos aquí, y hagamos tres pabellones: uno para ti, y uno para Moisés, y uno para Elías; no sabiendo lo que decía.

34

Y diciendo él estas cosas, vino una nube que los cubrió; y tuvieron temor mientras entraban en la nube.

35

Y se oyó una voz de la nube, que decía: Este es mi Hijo amado: á él oid.

36

Y cuando fué la voz, Jesús se halló solo; y ellos callaron, y á nadie dijeron en aquellos días nada de lo que habían visto.

37

Y aconteció el siguiente día, que descendiendo ellos del monte, les salió al encuentro una gran multitud.

38

Y he aquí, un hombre de la multitud clamó, diciendo: Maestro, te ruego que mires á mi hijo, porque es el único que tengo;

39

Y un espíritu le toma, y de repente da voces; y le despedaza, que echa espumarajos, y difícilmente se aparta de él, despedazándole.

40

Y rogué á tus discípulos que le echasen fuera, y no pudieron.

41

Y respondiendo Jesús, dijo: ¡Oh generación infiel y perversa! ¿hasta cuándo he de estar con vosotros, y os he de sufrir? Trae acá tu hijo.

42

Y mientras él venía, el demonio le derribó y le despedazó. Entonces Jesús reprendió al espíritu inmundo, y sanó al niño, y se lo volvió á su padre.

43

Y todos estaban maravillados de la grandeza de Dios. Y maravillándose todos de todas las cosas que hacía, dijo á sus discípulos:

44

Poned en vuestros oídos estas palabras: porque acontecerá que el Hijo del hombre será entregado en manos de los hombres.

45

Mas ellos no entendían esta palabra, y les era encubierta para que no la entendiesen; y temían preguntarle de esta palabra.

46

Y entraron en disputa, quién de ellos sería el mayor.

47

Jesús entonces, viendo los pensamientos de sus corazones, tomó un niño, y púsole junto á sí,

48

Y les dijo: Cualquiera que recibiere á este niño en mi nombre, á mí me recibe; y cualquiera que á mí me recibe, recibe al que me envió: porque el que es más pequeño entre todos vosotros, ése es grande.

49

Y respondiendo Juan, dijo: Maestro, hemos visto á uno que echaba fuera los demonios en tu nombre, y se lo prohibimos, porque no sigue con nosotros.

50

Y Jesús le dijo: No se lo prohibáis; porque el que no es contra vosotros, por vosotros es.

51

Y aconteció que como se cumplió el tiempo de su asunción, afirmó su rostro de ir á Jerusalem.

52

Y envió mensajeros delante de sí, los cuales fueron, y entraron en una villa de Samaria, para aparejarle.

53

Y no le recibieron, porque su rostro era de ir á Jerusalem.

54

Y viendo esto sus discípulos Jacobo y Juan, dijeron: Señor, ¿quieres que digamos que fuego descienda del cielo, y los consuma, como también hizo Elías?

55

Entonces volviéndose él, los reprendió, diciendo: Vosotros no sabéis de qué espíritu sois vosotros.

56

Porque el Hijo del hombre no ha venido para perder las almas de los hombres, sino para salvarlas. Y se fueron á otra aldea.

57

Y yendo ellos en el camino, uno le dijo: Señor, te seguiré dondequiera que fueres.

58

Y le dijo Jesús: Las zorras tienen guaridas, y las aves de los cielos nidos; mas el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza.

59

Y dijo á otro: Sígueme. Y él dijo: Señor, dame licencia para que vaya primero, y entierre á mi padre.

60

Y Jesús le dijo: Deja que los muertos entierren á sus muertos; y tú ve, anuncia el reino de Dios.

61

Y también otro dijo: Señor, te seguiré; mas dame licencia primero para despedirme de los que están en mi casa.

62

Y Jesús le dijo: Ninguno que poniendo su mano al arado mira atrás, es apto para el reino de Dios.

9 / 24
54lucas em Português — Bíblia Etíope | Kanon.Bible