El Evangelio de Juan es universalmente aceptado como canónico por todas las tradiciones cristianas, aunque su estilo y contenido teológico lo distinguen de los evangelios sinópticos. Desde los primeros siglos fue atribuido a Juan el Apóstol, hijo de Zebedeo. La iglesia etíope lo incluye en su canon completo del Nuevo Testamento.
Juan
Capítulo 11
ESTABA entonces un enfermo, Lázaro, de Bethania, la aldea de María y de Marta su hermana.
(María, cuyo hermano Lázaro estaba enfermo, era la que ungió al Señor con ungüento, y le limpió los pies con sus cabellos.)
Enviaron, pues, las hermanas á decir á Jesús: Señor, he aquí el que amas está enfermo.
Y oyéndo lo Jesús, dijo: Esta enfermedad no es para muerte, mas para gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.
Y amaba Jesús á Marta, y á su hermana, y á Lázaro.
Como oyó, pues, que estaba enfermo, quedóse dos días en aquel lugar donde estaba.
Luego, después de esto, dijo á los discípulos: Vamos otra vez á Judea.
Dícenle los discípulos: Rabbí, ahora procuraban los Judíos apedrearte, ¿y otra vez vas allá?
Respondió Jesús: ¿No tiene el día doce horas? El que anduviere de día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo.
Mas el que anduviere de noche, tropieza, porque no hay luz en él.
Dicho esto, díceles: Lázaro nuestro amigo duerme; mas voy á despertarle del sueño.
Dijeron entonces sus discípulos: Señor, si duerme, salvo estará.
Mas Jesús decía de la muerte de él; y ellos pensaron que hablaba del reposar del sueño.
Entonces, pues, Jesús les dijo claramente: Lázaro es muerto;
Y me huelgo por vosotros, que no haya estado allí, para que creáis; mas vamos á él.
Dijo entonces Tomás, que se dice Dídimo, á sus condiscípulos: Vamos también nosotros, y muramos con él.
Vino, pues, Jesús, y halló que tenía ya cuatro días en el sepulcro.
Estaba Bethania cerca de Jerusalem, como quince estadios;
Y muchos de los Judíos habían venido á Marta y María, para consolarlas de su hermano.
Entonces Marta, como oyó que Jesús venía, salió á encontrarle; mas María se quedó en casa.
Y Marta dijo á Jesús: Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no fuera muerto.
Mas también sé ahora, que todo lo que pidieres de Dios, te dará Dios.
Jesús le dice: Tu hermano resucitará.
Marta le dice: Yo sé que resucitará en la resurrección en el día postrero.
Jesús le dice: Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.
Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?
Ella le dice: Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo.
Y dicho esto, fué, y llamó á María su hermana, diciéndole en secreto: El Maestro está aquí, y te llama.
Ella, como lo oyó, se levantó de presto, y vino á él.
Porque Jesús no había entrado aún en la aldea, mas estaba en aquel lugar donde Marta le había encontrado.
Entonces los Judíos que estaban en casa con ella, y la consolaban, como vieron que María se levantó presto y salió, siguiéronla, diciendo: Va al sepulcro á llorar allí.
María, como vino á donde estaba Jesús, viéndole, derribóse á sus pies, diciéndole: Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no fuera muerto.
Jesús entonces, como la vió llorando, y á los Judíos que habían venido con ella llorando, se conmovió en espíritu, y se turbó,
Y dijo: ¿Dónde le pusisteis? Dícenle: Señor, ven y ve.
Y lloró Jesús.
Dijeron entonces los Judíos: Mirad cómo le amaba.
Y algunos de ellos dijeron: ¿No podía éste, que abrió los ojos del ciego, hacer que éste también no muriera?
Y Jesús, conmoviéndose otra vez en sí mismo, vino al sepulcro. Era una cueva, y encima le estaba puesta una losa.
Dijo Jesús: Quitad la piedra. Dícele Marta, la hermana del que había muerto: Señor, hiede ya, que es de cuatro días.
Jesús le dice: ¿No te he dicho que si creyeres, verás la gloria de Dios?
Quitaron entonces la piedra de donde el muerto estaba. Y Jesús alzando los ojos arriba, dijo: Padre, gracias te doy que me has oído.
Y yo sabía que siempre me oyes; mas por causa de la multitud que está alrededor, he dicho, para que crean que tú me has enviado.
Y habiendo dicho esto, clamó á gran voz: Lázaro, ven fuera.
Y el que había muerto, salió, atadas las manos y los pies con vendas, y su rostro envuelto en un sudario. Jesús les dice: Desatadle, y dejadle ir.
Entonces muchos de los Judíos que habían venido á María, y visto lo que hizo Jesús, creyeron en él.
Mas algunos de ellos fueron á los Fariseos, y les dijeron lo que Jesús había hecho.
Entonces los príncipes de los sacerdotes y los Fariseos juntaron concilio, y dijeron: ¿Qué haremos? porque este hombre hace muchas señales.
Si le dejamos así, todos creerán en él; y vendrán los Romanos, y nos quitarán nuestro lugar y nuestra nación.
Entonces Caifás, uno de ellos, sumo sacerdote aquel año, les dijo: Vosotros no sabéis nada;
Ni pensáis que nos conviene que un hombre muera por el pueblo, y no que toda la nación perezca.
Esto no lo dijo de sí mismo; sino que como era el sumo sacerdote aquel año, profetizó que Jesús había de morir por la nación;
Y no solamente por aquella nación, sino también para que reuniese en uno los hijos de Dios que estaban derramados.
Así que, desde aquel día consultaron de matarle.
Por tanto, Jesús ya no andaba abiertamente entre los Judíos, mas fuése de allí á la tierra que está junto al desierto, á una ciudad que se llama Efraín; y se estaba allí con sus discípulos.
Y estaba cerca la Pascua de los Judíos; y muchos subieron de la tierra á Jerusalem antes de la Pascua, para purificarse.
Y buscaban á Jesús, y estando ellos en el templo, decían unos á otros: ¿Qué os parece? ¿no vendrá á la fiesta?
Y los príncipes de los sacerdotes y los Fariseos habían dado mandamiento, que si alguno supiese dónde estaba, lo manifestase, para que le prendiesen.