El Evangelio de Juan es universalmente aceptado como canónico por todas las tradiciones cristianas, aunque su estilo y contenido teológico lo distinguen de los evangelios sinópticos. Desde los primeros siglos fue atribuido a Juan el Apóstol, hijo de Zebedeo. La iglesia etíope lo incluye en su canon completo del Nuevo Testamento.
Juan
Capítulo 18
COMO hubo dicho Jesús estas cosas, salió con sus discípulos de la otra parte del arroyo de Cedrón, donde había un huerto, en el cual entró él y sus discípulos.
Y también Judas, el que le entregaba, sabía aquel lugar; porque muchas veces Jesús se juntaba allí con sus discípulos.
Judas, pues, tomando una compañía, y ministros de los príncipes de los sacerdotes y de los Fariseos, vino allí con linternas y antorchas y armas.
Mas Jesús, como sabía todas las cosas que le habían de venir, salió, y díjoles: ¿A quién buscáis?
Le respondieron: A Jesús Nazareno. Díceles Jesús: Yo soy. (Y estaba también con ellos Judas, el que le entregaba.)
Como entonces les dijo, Yo soy, volvieron atrás, y cayeron en tierra.
Volvióles, pues, á preguntar: ¿A quién buscáis? Y ellos dijeron: A Jesús Nazareno.
Respondió Jesús: Os he dicho que yo soy; así que, si me buscáis á mí, dejad á éstos irse.
Para que se cumpliese la palabra que había dicho: De los que me diste, no perdí á ninguno.
Entonces Simón Pedro, teniendo una espada, la sacó, é hirió al siervo del sumo sacerdote, y le cortó la oreja derecha. Y el siervo se llamaba Malco.
Jesús entonces dijo á Pedro: Mete tu espada en la vaina; el vaso que el Padre me ha dado, ¿no lo tengo de beber?
Entonces la compañía, y el tribuno, y los ministros de los Judíos, prendieron á Jesús y le ataron,
Y lleváronle primeramente á Anás; porque era suegro de Caifás, el cual era sumo sacerdote de aquel año.
Y era Caifás el que había dado el consejo á los Judíos, que convenía que un hombre muriese por el pueblo.
Y seguía á Jesús Simón Pedro, y otro discípulo. Y aquel discípulo era conocido del sumo sacerdote, y entró con Jesús al patio del sumo sacerdote;
Mas Pedro estaba fuera á la puerta. Y salió aquel discípulo que era conocido del sumo sacerdote, y habló á la portera, y metió á Pedro.
Entonces la criada portera dijo á Pedro: ¿No eres tú también de los discípulos de este hombre? Dijo él: No soy.
Y estaban los siervos y los ministros que habían traído brasas, y calentábanse, porque hacía frío; y con ellos estaba también Pedro calentándose.
Y el sumo sacerdote preguntó á Jesús acerca de sus discípulos y de su doctrina.
Jesús le respondió: Yo he hablado abiertamente al mundo; yo siempre enseñé en la sinagoga y en el templo, donde todos los Judíos se juntan, y nada he hablado en oculto.
¿Qué me preguntas á mí? pregunta á los que han oído, qué les haya yo hablado; he aquí, éstos saben lo que yo he dicho.
Y como él hubo dicho esto, uno de los criados que estaba allí, dió una bofetada á Jesús, diciendo: ¿Así respondes al sumo sacerdote?
Jesús le respondió: Si he hablado mal, da testimonio del mal; y si bien, ¿por qué me hieres?
Y Anás le envió atado á Caifás, sumo sacerdote.
Estaba entonces Simón Pedro calentándose; y dijéronle: ¿No eres tú de sus discípulos? El negó, y dijo: No soy.
Uno de los siervos del sumo sacerdote, pariente de aquél á quien Pedro había cortado la oreja, le dice: ¿No te vi yo en el huerto con él?
Y Pedro negó otra vez; y luego el gallo cantó.
Y llevaron á Jesús de casa de Caifás al pretorio. Y era de mañana; y ellos no entraron en el pretorio, por no ser contaminados, mas que comiesen la pascua.
Entonces salió Pilato á ellos fuera, y dijo: ¿Qué acusación traéis contra este hombre?
Respondieron, y dijéronle: Si éste no fuera malhechor, no te le hubiéramos entregado.
Díjoles entonces Pilato: Tomadle vosotros, y juzgadle según vuestra ley. Y los Judíos le dijeron: A nosotros no es lícito matar á nadie.
Para que se cumpliese la palabra que Jesús había dicho, dando á entender de qué muerte había de morir.
Y volvió Pilato á entrar en el pretorio, y llamó á Jesús, y díjole: ¿Eres tú el Rey de los Judíos?
Respondió Jesús: ¿Dices tú esto de ti mismo, ó te lo han dicho otros de mí?
Pilato respondió: ¿Soy yo Judío? Tu gente y los príncipes de los sacerdotes te han entregado á mí: ¿qué has hecho?
Respondió Jesús: Mi reino no es de este mundo; si de este mundo fuera mi reino, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado á los Judíos; mas ahora mi reino no es de aquí.
Díjole entonces Pilato: ¿Luego rey eres tú? Respondió Jesús: Tú dices que soy rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio á la verdad. Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz.
Pilato le dice: ¿Qué es la verdad? Y como hubo dicho esto, volvió á salir á los Judíos, y díceles: Yo no hallo en él ningún crimen.
Empero vosotros tenéis costumbre, que os suelte uno en la pascua: ¿queréis, pues, que os suelte al Rey de los Judíos?
Entonces todos dieron voces otra vez, diciendo: No á éste, sino á Barrabás. Y Barrabás era ladrón.