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El Evangelio de Juan es universalmente aceptado como canónico por todas las tradiciones cristianas, aunque su estilo y contenido teológico lo distinguen de los evangelios sinópticos. Desde los primeros siglos fue atribuido a Juan el Apóstol, hijo de Zebedeo. La iglesia etíope lo incluye en su canon completo del Nuevo Testamento.

Juan

Capítulo 20

1

Y EL primer día de la semana, María Magdalena vino de mañana, siendo aún oscuro, al sepulcro; y vió la piedra quitada del sepulcro.

2

Corrió, pues, y vino á Simón Pedro, y al otro discípulo, al cual amaba Jesús, y les dijo: Han llevado al Señor del sepulcro, y no sabemos dónde le han puesto.

3

Y salió Pedro, y el otro discípulo, y vinieron al sepulcro.

4

Y corrían los dos juntos; mas el otro discípulo corrió más presto que Pedro, y llegó primero al sepulcro.

5

Y bajándose á mirar, vió los lienzos puestos; mas no entró.

6

Llegó luego Simón Pedro siguiéndole, y entró en el sepulcro, y vió los lienzos puestos,

7

Y el sudario que había sido puesto sobre su cabeza, no puesto con los lienzos, sino envuelto en un lugar aparte.

8

Entonces entró también el otro discípulo, que había venido primero al sepulcro, y vió, y creyó.

9

Porque aun no habían entendido la Escritura, que era necesario que resucitase de los muertos.

10

Y volvieron los discípulos á los suyos.

11

Mas María estaba fuera llorando junto al sepulcro. Y estando llorando, bajóse á mirar dentro del sepulcro;

12

Y vió dos ángeles en vestidos blancos, sentados el uno á la cabecera, y el otro á los pies, donde el cuerpo de Jesús había sido puesto.

13

Y dijéronle: Mujer, ¿por qué lloras? Díceles: Porque han llevado á mi Señor, y no sé dónde le han puesto.

14

Y como hubo dicho esto, volvióse atrás, y vió á Jesús que estaba allí; mas no sabía que era Jesús.

15

Jesús le dice: Mujer, ¿por qué lloras? ¿á quién buscas? Ella, pensando que era el hortelano, dícele: Señor, si tú lo has llevado, dime dónde le has puesto, y yo lo llevaré.

16

Jesús le dice: ¡María! Volviéndose ella, dícele: ¡Rabboni! (que quiere decir, Maestro.)

17

Jesús le dice: No me toques; porque aun no he subido á mi Padre; mas vé á mis hermanos, y diles: Subo á mi Padre y á vuestro Padre, á mi Dios y á vuestro Dios.

18

Fué María Magdalena á dar las nuevas á los discípulos, que había visto al Señor, y que él le había dicho estas cosas.

19

Y como fué tarde aquel mismo día, el primero de la semana, y estando las puertas cerradas donde los discípulos estaban juntos por miedo de los Judíos, vino Jesús, y púsose en medio, y díjoles: Paz á vosotros.

20

Y como hubo dicho esto, mostróles las manos y el costado. Y los discípulos se gozaron viendo al Señor.

21

Entonces Jesús les dijo otra vez: Paz á vosotros. Como me envió el Padre, así también yo os envío.

22

Y habiendo dicho esto, sopló, y díceles: Recibid el Espíritu Santo.

23

A quienes remitiereis los pecados, les son remitidos; y á quienes se los retuviereis, les son retenidos.

24

Empero Tomás, uno de los doce, que se dice Dídimo, no estaba con ellos cuando Jesús vino.

25

Diciéronle pues los otros discípulos: Al Señor hemos visto. Y él les dijo: Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré.

26

Y ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro, y Tomás con ellos. Vino Jesús, las puertas cerradas, y púsose en medio, y dijo: Paz á vosotros.

27

Luego dice á Tomás: Mete tu dedo aquí, y ve mis manos; y acerca acá tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino fiel.

28

Entonces Tomás respondió, y díjole: ¡Señor mío, y Dios mío!

29

Jesús le dice: Porque me has visto, Tomás, creiste: bienaventurados los que no vieron, y creyeron.

30

Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro.

31

Estas empero son escritas, para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios; y para que creyendo, tengáis vida en su nombre.

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