El Evangelio de Juan es universalmente aceptado como canónico por todas las tradiciones cristianas, aunque su estilo y contenido teológico lo distinguen de los evangelios sinópticos. Desde los primeros siglos fue atribuido a Juan el Apóstol, hijo de Zebedeo. La iglesia etíope lo incluye en su canon completo del Nuevo Testamento.
Juan
Capítulo 4
CUANDO pues el Señor entendió que los Fariseos habían oído decir: Jesús hace y bautiza más discípulos que Juan,
(Aunque Jesús no bautizaba, sino sus discípulos),
Dejó á Judea, y se fué otra vez á Galilea.
Y era menester pasar por Samaria.
Vino pues á una ciudad de Samaria llamada Sichâr, junto á la heredad que Jacob dió á su hijo José.
Y estaba allí la fuente de Jacob. Jesús pues, cansado del camino, se sentó así junto á la fuente. Era como la hora de sexta.
Vino una mujer de Samaria á sacar agua; y Jesús le dice: Dame de beber.
Porque sus discípulos habían ido á la ciudad á comprar de comer.
Y la mujer Samaritana le dice: ¿Cómo tú, siendo Judío, me pides á mí de beber, que soy mujer Samaritana? porque los Judíos no se tratan con los Samaritanos.
Respondió Jesús, y díjole: Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú pedirías de él, y él te daría agua viva.
La mujer le dice: Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo: ¿de dónde pues tienes el agua viva?
¿Eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dió este pozo, del cual bebió él, y sus hijos, y sus ganados?
Respondió Jesús, y díjole: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá á tener sed;
Mas el que bebiere del agua que yo le daré, para siempre no tendrá sed; mas el agua que yo le daré, será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.
La mujer le dice: Señor, dame esta agua, para que no tenga sed, ni venga aquí á sacar.
Jesús le dice: Ve, llama á tu marido, y ven acá.
Respondió la mujer, y dijo: No tengo marido. Jesús le dice: Bien has dicho: No tengo marido;
Porque cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes no es tu marido; esto has dicho con verdad.
Dícele la mujer: Señor, parece que tú eres profeta.
Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en Jerusalem es el lugar donde es necesario adorar.
Jesús le dice: Mujer, créeme, que la hora viene, cuando ni en este monte, ni en Jerusalem, adoraréis al Padre.
Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación es de los Judíos.
Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca.
Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.
Dícele la mujer: Sé que ha de venir el Mesías, que es llamado el Cristo: cuando él viniere, nos declarará todas las cosas.
Jesús le dice: Yo soy, el que habla contigo.
Y en esto vinieron sus discípulos, y maravilláronse de que hablaba con una mujer; mas ninguno dijo: ¿Qué preguntas? ó, ¿qué hablas con ella?
Entonces la mujer dejó su cántaro, y fué á la ciudad, y dijo á aquellos hombres:
Venid, ved un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho: ¿si quizá es éste el Cristo?
Entonces salieron de la ciudad, y vinieron á él.
Entre tanto, los discípulos le rogaban, diciendo: Rabbí, come.
Y él les dijo: Yo tengo una comida que comer, que vosotros no sabéis.
Entonces los discípulos decían el uno al otro: ¿Si le habrá traído alguien de comer?
Jesús les dice: Mi comida es, que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra.
¿No decís vosotros: Aun cuatro meses, y viene la siega? He aquí os digo: Alzad vuestros ojos, y mirad las regiones, porque ya están blancas para la siega.
Y el que siega, recibe salario, y allega fruto para vida eterna; para que el que siembra, goce juntamente con el que siega.
Porque en esto es verdadero el dicho: Que uno es el que siembra, y otro el que siega.
Yo os he enviado á segar lo que vosotros no labrasteis; otros labraron, y vosotros habéis entrado en sus labores.
Y de aquella ciudad muchos de los Samaritanos creyeron en él por la palabra de la mujer, que testificaba: Que él me dijo todo cuanto he hecho.
Viniendo pues á él los Samaritanos, le rogaron que se quedase con ellos; y se quedó allí dos días.
Y creyeron muchos más por la palabra de él.
Y decían á la mujer: Ya no creemos por tu dicho; porque nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente éste es el Salvador del mundo, el Cristo.
Y dos días después, partió de allí, y se fué á Galilea.
Porque Jesús mismo dió testimonio, que el profeta en su tierra no tiene honra.
Y como vino á Galilea, los Galileos le recibieron, habiendo visto todas las cosas que había hecho en Jerusalem en la fiesta; porque también ellos habían ido á la fiesta.
Vino pues Jesús otra vez á Caná de Galilea, donde había hecho el vino del agua. Y había en Capernaum un deudo del rey, el cual hijo estaba enfermo.
Este, como oyó que Jesús había venido de Judea á Galilea, fué á él, y le rogó que descendiese, y sanase á su hijo, que comenzaba á morir.
Entonces Jesús le dijo: Si no viereis señales y milagros, no creeréis.
El deudo del rey le dice: Señor, desciende antes que mi hijo muera.
Jesús le dice: Ve, tu hijo vive. Y el hombre creyó á la palabra que Jesús le dijo, y fuése.
Y yendo ya él, descendieron sus siervos á recibirle, y le dieron nueva, diciendo: Tu hijo vive.
Entonces les preguntó la hora en que había comenzado á estar mejor. Y dijéronle: Ayer á las siete la fiebre le dejó.
El padre entonces entendió, que aquella hora era cuando Jesús le dijo: Tu hijo vive; y creyó él y toda su casa.
Esta segunda señal hizo Jesús, cuando vino de Judea á Galilea.