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El Evangelio de Juan es universalmente aceptado como canónico por todas las tradiciones cristianas, aunque su estilo y contenido teológico lo distinguen de los evangelios sinópticos. Desde los primeros siglos fue atribuido a Juan el Apóstol, hijo de Zebedeo. La iglesia etíope lo incluye en su canon completo del Nuevo Testamento.

Juan

Capítulo 5

1

DESPUÉS de esto, había una fiesta de los Judíos, y subió Jesús á Jerusalem.

2

Y hay en Jerusalem un estanque, que en hebreo se llama Bethsaida, el cual tiene cinco portales.

3

En éstos yacía una multitud grande de enfermos, ciegos, cojos, secos, que esperaban el movimiento del agua.

4

Porque un ángel descendía de tiempo en tiempo al estanque, y revolvía el agua; y el que primero descendía después del movimiento del agua, quedaba sano de cualquiera enfermedad que tuviese.

5

Y estaba allí un hombre que hacía treinta y ocho años que estaba enfermo.

6

Cuando Jesús le vió echado, y supo que había estado ya mucho tiempo, dícele: ¿Quieres ser sano?

7

Señor, le respondió el enfermo, no tengo hombre que cuando el agua fuere revuelta me eche en el estanque; porque entre tanto que yo voy, otro antes de mí desciende.

8

Jesús le dice: Levántate, toma tu camilla, y anda.

9

Y luego aquel hombre fué sano, y tomó su camilla, y anduvo. Y era sábado aquel día.

10

Entonces los Judíos dijeron á aquel que había sido sanado: Sábado es; no te es lícito llevar la camilla.

11

El les respondió: El que me sanó, él mismo me dijo: Toma tu camilla y anda.

12

Preguntáronle entonces: ¿Quién es el que te dijo: Toma tu camilla y anda?

13

Mas el que había sido sanado no sabía quién fuese; porque Jesús se había apartado de la gente que estaba en aquel lugar.

14

Después le halló Jesús en el templo, y le dijo: He aquí, has sido sano: no peques más, porque no te venga alguna cosa peor.

15

Y se fué el hombre, y dió nuevas á los Judíos que Jesús era el que le había sanado.

16

Y por esta causa perseguían los Judíos á Jesús, y procuraban matarle, porque hacía estas cosas en sábado.

17

Y Jesús les respondió: Mi Padre hasta ahora obra, y yo obro.

18

Entonces por eso más procuraban los Judíos matarle, porque no sólo quebrantaba el sábado, sino que también decía que Dios era su propio Padre, haciéndose igual á Dios.

19

Respondió entonces Jesús, y díjoles: De cierto, de cierto os digo: No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que viere hacer al Padre; porque todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente.

20

Porque el Padre ama al Hijo, y le muestra todas las cosas que él hace; y mayores obras que estas le mostrará, de modo que vosotros os maravilléis.

21

Porque como el Padre levanta los muertos, y les da vida, así también el Hijo da vida á los que quiere.

22

Porque el Padre á nadie juzga, sino que todo el juicio dió al Hijo;

23

Para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió.

24

De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá á condenación, mas pasó de muerte á vida.

25

De cierto, de cierto os digo: Viene la hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que oyeren, vivirán.

26

Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así dió también al Hijo que tuviese vida en sí mismo;

27

Y le dió potestad de hacer juicio, porque es el Hijo del hombre.

28

No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz;

29

Y los que hicieron bien, saldrán á resurrección de vida; mas los que hicieron mal, á resurrección de condenación.

30

No puedo yo hacer nada de mí mismo: como oigo, juzgo; y mi juicio es justo; porque no busco mi voluntad, mas la voluntad del que me envió, del Padre.

31

Si yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio no es verdadero.

32

Otro es el que da testimonio de mí; y sé que el testimonio que da de mí, es verdadero.

33

Vosotros enviasteis á Juan, y él dió testimonio á la verdad.

34

Mas yo no tomo testimonio de hombre; mas digo esto, para que vosotros seáis salvos.

35

El era antorcha que ardía y alumbraba; y vosotros quisisteis alegraros por un poco á su luz.

36

Mas yo tengo mayor testimonio que el de Juan; porque las obras que el Padre me dió para que cumpliese, las mismas obras que yo hago, dan testimonio de mí, que el Padre me ha enviado.

37

Y el Padre que me envió, él ha dado testimonio de mí. Ni nunca habéis oído su voz, ni visto su aspecto.

38

Y no tenéis su palabra permaneciente en vosotros; porque al que él envió, á éste vosotros no creéis.

39

Escudriñad las Escrituras, porque á vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí;

40

Y no queréis venir á mí para que tengáis vida.

41

Gloria de los hombres no recibo.

42

Mas yo os conozco, que no tenéis amor de Dios en vosotros.

43

Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibís; si otro viniere en su propio nombre, á aquél recibiríais.

44

¿Cómo podéis vosotros creer, pues recibís gloria los unos de los otros, y no buscáis la gloria que del solo Dios viene?

45

No penséis que yo os tengo de acusar delante del Padre; hay quien os acusa, Moisés, en quien vosotros esperáis.

46

Porque si creyeseis á Moisés, creeríais á mí; porque de mí escribió él.

47

Y si no creéis á sus escritos, ¿cómo creeréis á mis palabras?

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