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El Evangelio de Juan es universalmente aceptado como canónico por todas las tradiciones cristianas, aunque su estilo y contenido teológico lo distinguen de los evangelios sinópticos. Desde los primeros siglos fue atribuido a Juan el Apóstol, hijo de Zebedeo. La iglesia etíope lo incluye en su canon completo del Nuevo Testamento.

Juan

Capítulo 6

1

DESPUÉS de esto, Jesús fué á la otra parte de la mar de Galilea, la de Tiberias.

2

Y seguíale gran multitud, porque veían las señales que hacía en los enfermos.

3

Y subió Jesús á un monte, y se sentó allí con sus discípulos.

4

Y estaba cerca la Pascua, la fiesta de los Judíos.

5

Cuando alzó Jesús los ojos, y vió que había venido á él grande multitud, dice á Felipe: ¿De dónde compraremos pan para que coman éstos?

6

Mas esto decía tentándole; porque él sabía lo que había de hacer.

7

Felipe le respondió: Doscientos denarios de pan no bastarían para que cada uno de ellos tomase un poco.

8

Uno de sus discípulos, Andrés, hermano de Simón Pedro, le dice:

9

Hay un muchacho aquí que tiene cinco panes de cebada y dos pececillos; mas ¿qué es esto para tantos?

10

Entonces Jesús dijo: Haced recostar los hombres. Y había mucha hierba en aquel lugar; y recostáronse los hombres, como en número de cinco mil.

11

Y tomó Jesús aquellos panes, y dando gracias, repartió á los discípulos, y los discípulos á los que estaban recostados; asimismo de los peces cuanto querían.

12

Y como fueron hartos, dijo á sus discípulos: Recoged los pedazos que sobraron, para que no se pierda algo.

13

Recogieron pues, y llenaron doce cestas de pedazos, que de los cinco panes de cebada sobraron á los que habían comido.

14

Aquellos hombres entonces, viendo la señal que Jesús había hecho, dijeron: Este verdaderamente es el profeta que había de venir al mundo.

15

Mas entendiendo Jesús que habían de venir para arrebatarle, y hacerle rey, volvió á retirarse al monte, él solo.

16

Y como se hizo tarde, descendieron sus discípulos á la mar;

17

Y entrando en un barco, vinieron la otra parte de la mar á Capernaum. Y era ya oscuro, y Jesús no había venido á ellos.

18

Y levantábase una grande tempestad de viento en la mar, y se levantaban las ondas.

19

Y habiendo remado como veinticinco ó treinta estadios, vieron á Jesús que andaba sobre la mar, y se acercaba al barco; y tuvieron miedo.

20

Mas él les dice: Yo soy; no temáis.

21

Ellos entonces con gusto le recibieron en el barco; y luego el barco llegó á la tierra á donde iban.

22

El siguiente día, la gente que estaba de la otra parte de la mar, vió que no había allí más de un barco, y que Jesús no había entrado con sus discípulos en el barco, sino que sus discípulos se habían ido solos.

23

Empero otros barquillos habían llegado de Tiberias junto al lugar donde habían comido el pan, habiendo dado gracias el Señor.

24

Como vió pues la gente que Jesús no estaba allí, ni sus discípulos, tomaron los barcos, y vinieron á Capernaum, buscando á Jesús.

25

Y hallándole de la otra parte de la mar, le dijeron: Rabbí, ¿cuándo viniste acá?

26

Respondióles Jesús, y dijo: De cierto, de cierto os digo que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os hartasteis.

27

Trabajad, no por la comida que perece, mas por la comida que á vida eterna permanece, la cual el Hijo del hombre os dará; porque á éste señaló Dios el Padre.

28

Y dijéronle: ¿Qué haremos para obrar las obras de Dios?

29

Respondió Jesús, y díjoles: Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado.

30

Dijéronle: ¿Qué señal, pues, haces tú, para que veamos, y te creamos? ¿qué obras?

31

Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Pan del cielo les dió á comer.

32

Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: No os dió Moisés el pan del cielo; mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo.

33

Porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo.

34

Dijéronle: Señor, danos siempre este pan.

35

Y Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida: el que á mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, nunca tendrá sed.

36

Mas os he dicho, que aunque me habéis visto, no creéis.

37

Todo lo que el Padre me da, vendrá á mí; y al que á mí viene, no le echo fuera.

38

Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.

39

Y esta es la voluntad del Padre que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.

40

Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.

41

Murmuraban entonces de él los Judíos, porque había dicho: Yo soy el pan que descendí del cielo.

42

Y decían: ¿No es éste Jesús, hijo de José, cuyo padre y madre nosotros conocemos? ¿cómo pues dice éste: Del cielo he descendido?

43

Entonces Jesús respondió, y díjoles: No murmuréis entre vosotros.

44

Ninguno puede venir á mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero.

45

Escrito está en los profetas: Y serán todos enseñados de Dios. Así que, todo aquel que oyó al Padre, y aprendió de él, viene á mí.

46

No que alguno haya visto al Padre, sino aquel que vino de Dios, éste ha visto al Padre.

47

De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna.

48

Yo soy el pan de vida.

49

Vuestros padres comieron el maná en el desierto, y murieron.

50

Este es el pan que desciende del cielo, para que el que de él comiere, no muera.

51

Yo soy el pan vivo que descendí del cielo: si alguno comiere de este pan, vivirá eternamente; y el pan que yo daré, es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo.

52

Entonces los Judíos contendían entre sí, diciendo: ¿Cómo puede éste darnos su carne á comer?

53

Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Si no comiereis la carne del Hijo del hombre, y bebiereis su sangre, no tendréis vida en vosotros.

54

El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.

55

Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.

56

El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él.

57

Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también vivirá por mí.

58

Este es el pan que descendió del cielo; no como vuestros padres comieron el maná, y murieron: el que come este pan, vivirá eternamente.

59

Estas cosas dijo en la sinagoga, enseñando en Capernaum.

60

Muchos de sus discípulos, oyendo esto, dijeron: Dura es esta palabra; ¿quién la puede oir?

61

Y sabiendo Jesús en sí mismo que sus discípulos murmuraban de esto, les dijo: ¿Esto os ofende?

62

¿Pues qué si viereis al Hijo del hombre subir adonde primero estaba?

63

El espíritu es el que da vida; la carne nada aprovecha: las palabras que yo os he hablado, espíritu son y vida son.

64

Mas hay algunos de vosotros que no creen. Porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían, y quién le había de entregar.

65

Y decía: Por eso os he dicho que ninguno puede venir á mí, si no le fuere dado del Padre.

66

Desde entonces muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con él.

67

Dijo entonces Jesús á los doce: ¿Queréis vosotros iros también?

68

Y le respondió Simón Pedro: Señor, ¿á quién iremos? tú tienes palabras de vida eterna.

69

Y nosotros hemos creído y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.

70

Les respondió Jesús: ¿No os he escogido yo á vosotros doce, y uno de vosotros es diablo?

71

Hablaba de Judas Iscariote, hijo de Simón; porque éste le había de entregar, y era uno de los doce.

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