El Evangelio de Juan es universalmente aceptado como canónico por todas las tradiciones cristianas, aunque su estilo y contenido teológico lo distinguen de los evangelios sinópticos. Desde los primeros siglos fue atribuido a Juan el Apóstol, hijo de Zebedeo. La iglesia etíope lo incluye en su canon completo del Nuevo Testamento.
Juan
Capítulo 7
DESPUÉS de estas cosas, andaba Jesús en Galilea; porque no quería andar en Judea, porque los Judíos procuraban matarle.
Y estaba cerca la fiesta de los Judíos, la de los Tabernáculos.
Y dijéronle sus hermanos: Sal de aquí, y vete á Judea, para que también tus discípulos vean las obras que haces.
Porque ninguno obra en oculto, y procura ser conocido abiertamente. Si estas cosas haces, manifiéstate al mundo.
Porque ni aun sus hermanos creían en él.
Entonces Jesús les dice: Mi tiempo aun no está; mas vuestro tiempo siempre está presto.
No puede el mundo aborrecer á vosotros; mas á mí me aborrece, porque yo testifico de él, que sus obras son malas.
Subid vosotros á esta fiesta; yo no subo aún á esta fiesta, porque mi tiempo aun no es cumplido.
Y habiéndoles dicho esto, quedóse en Galilea.
Mas después que sus hermanos subieron, entonces él también subió á la fiesta, no manifiestamente, sino como en secreto.
Y los Judíos le buscaban en la fiesta, y decían: ¿Dónde está aquél?
Y había gran murmullo acerca de él entre la gente. Unos decían: Bueno es. Mas otros decían: No, antes engaña al pueblo.
Empero ninguno hablaba abiertamente de él, por miedo de los Judíos.
Mas á la mitad de la fiesta, subió Jesús al templo, y enseñaba.
Y maravillábanse los Judíos, diciendo: ¿Cómo sabe éste letras, sin haber aprendido?
Respondióles Jesús, y dijo: Mi doctrina no es mía, sino de aquel que me envió.
El que quisiere hacer su voluntad, conocerá de la doctrina si es de Dios, ó si yo hablo de mí mismo.
El que habla de sí mismo, su propia gloria busca; mas el que busca la gloria del que le envió, éste es verdadero, y no hay en él injusticia.
¿No os dió Moisés la ley, y ninguno de vosotros cumple la ley? ¿por qué me procuráis matar?
La gente respondió, y dijo: Demonio tienes: ¿quién te procura matar?
Respondió Jesús, y díjoles: Una obra hice, y todos os maravilláis.
Por eso Moisés os dió la circuncisión (no porque sea de Moisés, sino de los padres); y en el sábado circuncidáis al hombre.
Si recibe el hombre la circuncisión en el sábado, para que la ley de Moisés no sea quebrantada, ¿os enojáis conmigo porque en el sábado sané completamente á un hombre?
No juzguéis según la apariencia, mas juzgad justo juicio.
Decían entonces unos de Jerusalem: ¿No es éste á quien buscan para matarle?
Pues he aquí, habla abiertamente, y no le dicen nada: ¿si los príncipes saben verdaderamente que éste es el Cristo?
Mas éste, sabemos de dónde es; y cuando el Cristo viniere, nadie sabrá de dónde sea.
Jesús entonces clamó en el templo, enseñando y diciendo: Y á mí me conocéis, y sabéis de dónde soy; mas no soy venido de mí mismo; mas el que me envió, es verdadero, al cual vosotros no conocéis.
Mas yo le conozco, porque de él soy, y él me envió.
Procuraban entonces prenderle; mas ninguno le echó mano, porque aun no había venido su hora.
Y muchos de la gente creyeron en él, y decían: El Cristo, cuando viniere, ¿hará más señales que éste hace?
Los Fariseos oyeron á la gente que murmuraba de él estas cosas; y enviaron los príncipes de los sacerdotes y los Fariseos ministros para que le prendiesen.
Entonces Jesús les dijo: Aun un poco de tiempo estoy con vosotros, é iré al que me envió.
Me buscaréis, y no me hallaréis; y á donde yo estaré, vosotros no podréis venir.
Y los Judíos dijeron entre sí: ¿Adónde ha de ir éste, que no le hallemos? ¿ha de ir á los dispersos entre los Griegos, y enseñar á los Griegos?
¿Qué palabra es ésta que dijo: Me buscaréis, y no me hallaréis; y á donde yo estaré, vosotros no podréis venir?
Mas en el postrer día, el día grande de la fiesta, Jesús se puso en pie, y clamó diciendo: Si alguno tiene sed, venga á mí, y beba.
El que cree en mí, como dice la Escritura, ríos de agua viva correrán de su vientre.
Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aun no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado.
Entonces muchos de la gente, oyendo esta palabra, decían: Verdaderamente éste es el profeta.
Otros decían: Este es el Cristo. Mas algunos decían: ¿De Galilea ha de venir el Cristo?
¿No dice la Escritura, que del linaje de David, y de la aldea de Beth-lehem, de donde era David, ha de venir el Cristo?
Así que hubo disensión entre la gente á causa de él.
Y algunos de ellos querían prenderle; mas ninguno le echó mano.
Vinieron entonces los ministros á los príncipes de los sacerdotes y á los Fariseos; y ellos les dijeron: ¿Por qué no le habéis traído?
Los ministros respondieron: Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre.
Entonces los Fariseos les respondieron: ¿También vosotros sois engañados?
¿Ha creído en él alguno de los príncipes, ó de los Fariseos?
Mas esta gente que no sabe la ley, malditos son.
Díjoles Nicodemo (el que vino de noche á él, el cual era uno de ellos):
¿Juzga nuestra ley al hombre, si primero no oyere de él, y entendiere lo que hace?
Respondieron y dijéronle: ¿Eres tú también Galileo? Escudriña y ve, que de Galilea nunca se levantó profeta.
Y cada uno se fué á su casa.