El Evangelio de Juan es universalmente aceptado como canónico por todas las tradiciones cristianas, aunque su estilo y contenido teológico lo distinguen de los evangelios sinópticos. Desde los primeros siglos fue atribuido a Juan el Apóstol, hijo de Zebedeo. La iglesia etíope lo incluye en su canon completo del Nuevo Testamento.
Juan
Capítulo 8
Y JESÚS se fué al monte de las Olivas.
Y por la mañana volvió al templo, y todo el pueblo vino á él; y sentado él, les enseñaba.
Entonces los escribas y los Fariseos le trajeron una mujer tomada en adulterio; y poniéndola en medio,
Dícenle: Maestro, esta mujer ha sido tomada en el mismo hecho, adulterando.
Y en la ley Moisés nos mandó apedrear á las tales: tú pues, ¿qué dices?
Esto decían tentándole, para poder acusarle. Mas Jesús, inclinado hacia abajo, escribía con el dedo en tierra.
Y como le preguntasen, enderezándose, díjoles: El que de vosotros esté sin pecado, sea el primero en arrojar la piedra contra ella.
E inclinándose hacia abajo, escribía en tierra.
Mas ellos, oyendo esto, acusados de su conciencia, salían uno á uno, comenzando desde los más viejos hasta los postreros; y quedó solo Jesús, y la mujer que estaba en medio.
Enderezándose entonces Jesús, y no viendo á nadie sino á la mujer, díjole: Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿ninguno te condenó?
Y ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más.
Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, mas tendrá la lumbre de la vida.
Entonces los Fariseos le dijeron: Tú das testimonio de ti mismo; tu testimonio no es verdadero.
Respondió Jesús, y díjoles: Aunque yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio es verdadero; porque sé de dónde he venido, y á dónde voy; mas vosotros no sabéis de dónde vengo, ni á dónde voy.
Vosotros juzgáis según la carne; yo no juzgo á nadie.
Y si yo juzgo, mi juicio es verdadero; porque no soy yo solo, sino yo y el que me envió, el Padre.
Y en vuestra ley está escrito, que el testimonio de dos hombres es verdadero.
Yo soy el que doy testimonio de mí mismo, y el Padre que me envió, da testimonio de mí.
Dijéronle: ¿Dónde está tu Padre? Respondió Jesús: Ni á mí me conocéis, ni á mi Padre; si á mí me conocieseis, á mi Padre también conocierais.
Estas palabras habló Jesús en el lugar de las ofrendas, enseñando en el templo; y nadie le prendió, porque aun no había venido su hora.
Y díjoles otra vez Jesús: Yo me voy, y me buscaréis, mas en vuestro pecado moriréis; á donde yo voy, vosotros no podéis venir.
Decían entonces los Judíos: ¿Mataráse á sí mismo, que dice: A donde yo voy, vosotros no podéis venir?
Y díjoles: Vosotros sois de abajo, yo soy de arriba; vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo.
Por eso os dije que moriréis en vuestros pecados; porque si no creyereis que yo soy, en vuestros pecados moriréis.
Dijéronle entonces: ¿Tú quién eres? Entonces Jesús les dijo: El que desde el principio os he dicho.
Muchas cosas tengo que decir y juzgar de vosotros; mas el que me envió, es verdadero; y yo, lo que he oído de él, esto hablo al mundo.
Mas no entendieron que les hablaba del Padre.
Díjoles pues Jesús: Cuando hubiereis levantado al Hijo del hombre, entonces entenderéis que yo soy, y que nada hago de mí mismo; mas como el Padre me enseñó, esto hablo.
Porque el que me envió, conmigo está; no me ha dejado solo el Padre, porque yo siempre hago lo que le agrada.
Hablado estas cosas, muchos creyeron en él.
Decía entonces Jesús á los Judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos;
Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.
Le respondieron: Linaje de Abraham somos, y jamás servimos á nadie; ¿cómo dices tú: Seréis libres?
Jesús les respondió: De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, siervo es del pecado.
Y el siervo no queda en la casa para siempre; el hijo queda para siempre.
Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres.
Yo sé que sois linaje de Abraham; mas procuráis matarme, porque mi palabra no cabe en vosotros.
Yo hablo lo que he visto cerca del Padre; y vosotros, lo que habéis visto cerca de vuestro padre, hacéis.
Respondieron y dijéronle: Nuestro padre es Abraham. Díceles Jesús: Si fuerais hijos de Abraham, las obras de Abraham haríais.
Mas ahora procuráis matarme, hombre que os he hablado la verdad, la cual he oído de Dios; no hizo esto Abraham.
Vosotros hacéis las obras de vuestro padre. Dijéronle entonces: Nosotros no somos nacidos de fornicación; un padre tenemos, que es Dios.
Jesús entonces les dijo: Si vuestro padre fuese Dios, ciertamente me amaríais; porque yo de Dios he salido, y he venido; que no he venido de mí mismo, mas él me envió.
¿Por qué no reconocéis mi lenguaje? porque no podéis oir mi palabra.
Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. Él ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de ella.
Y á mí, porque digo verdad, no me creéis.
¿Quién de vosotros me redarguye de pecado? Pues si digo verdad, ¿por qué vosotros no me creéis?
El que es de Dios, las palabras de Dios oye: por eso no oís vosotros, porque no sois de Dios.
Entonces los Judíos respondieron, y dijéronle: ¿No decimos bien nosotros, que tú eres Samaritano, y tienes demonio?
Respondió Jesús: Yo no tengo demonio; antes honro á mi Padre, y vosotros me habéis deshonrado.
Mas yo no busco mi gloria; hay quien la busca, y juzga.
De cierto, de cierto os digo: El que guarda mi palabra, no verá muerte para siempre.
Entonces los Judíos le dijeron: Ahora conocemos que tienes demonio. Abraham murió, y los profetas; y tú dices: El que guardare mi palabra, no sufrirá muerte para siempre.
¿Eres tú mayor que nuestro padre Abraham, el cual murió? y los profetas murieron. ¿Quién te haces á ti mismo?
Respondió Jesús: Si yo me glorifico á mí mismo, mi gloria es nada; mi Padre es el que me glorifica, el que vosotros decís que es vuestro Dios.
Y no le habéis conocido; mas yo le conozco, y si dijere que no le conozco, sería mentiroso semejante á vosotros; mas le conozco, y guardo su palabra.
Abraham vuestro padre se gozó de que había de ver mi día; y lo vió, y se gozó.
Dijéronle entonces los Judíos: Aun no tienes cincuenta años, ¿y has visto á Abraham?
Díjoles Jesús: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy.
Tomaron entonces piedras para arrojarlas contra él; mas Jesús se encubrió, y salió del templo, y atravesando por medio de ellos, se fué.