El Evangelio de Juan es universalmente aceptado como canónico por todas las tradiciones cristianas, aunque su estilo y contenido teológico lo distinguen de los evangelios sinópticos. Desde los primeros siglos fue atribuido a Juan el Apóstol, hijo de Zebedeo. La iglesia etíope lo incluye en su canon completo del Nuevo Testamento.
Juan
Capítulo 9
Y PASANDO Jesús, vió á un hombre ciego desde su nacimiento.
Y preguntáronle sus discípulos, diciendo: Rabbí, ¿quién pecó, éste ó sus padres, para que naciese ciego?
Respondió Jesús: Ni éste pecó, ni sus padres: mas para que las obras de Dios se manifiesten en él.
Me es necesario hacer las obras del que me envió, entre tanto que el día dura; la noche viene, cuando nadie puede obrar.
Entre tanto que estuviere en el mundo, luz soy del mundo.
Dicho esto, escupió en tierra, é hizo lodo con la saliva, y untó con el lodo los ojos del ciego,
Y díjole: Ve, lávate en el estanque de Siloam (que significa, Enviado). Y fué entonces, y lavóse, y volvió viendo.
Entonces los vecinos, y los que antes le habían visto que era ciego, decían: ¿No es éste el que se sentaba y mendigaba?
Unos decían: El es; y otros: A él se parece. El decía: Yo soy.
Dijéronle pues: ¿Cómo te fueron abiertos los ojos?
Respondió él: Aquel hombre que se llama Jesús, hizo lodo, y me untó los ojos, y me dijo: Ve al Siloam, y lávate. Y fui, y me lavé, y recibí la vista.
Dijéronle entonces: ¿Dónde está aquél? El dijo: No sé.
Llevaron á los Fariseos al que antes había sido ciego.
Y era sábado cuando Jesús había hecho el lodo, y le había abierto los ojos.
Volvieron, pues, también á preguntarle los Fariseos, cómo había recibido la vista. Y él les dijo: Púsome lodo sobre los ojos, y me lavé, y veo.
Entonces algunos de los Fariseos decían: Ese hombre no es de Dios, porque no guarda el sábado. Otros decían: ¿Cómo puede un hombre pecador hacer estas señales? Y había disensión entre ellos.
Volvieron á decir al ciego: ¿Tú, qué dices de él, en que te abrió los ojos? Y él dijo: Que es profeta.
Mas los Judíos no creían que él hubiese sido ciego, y que hubiese recibido la vista, hasta que llamaron á los padres del que había recibido la vista,
Y preguntáronles, diciendo: ¿Es éste vuestro hijo, el que vosotros decís que nació ciego? ¿cómo pues ve ahora?
Y sus padres respondieron, y dijéronles: Sabemos que éste es nuestro hijo, y que nació ciego;
Mas cómo vea ahora, no lo sabemos; ó quién le haya abierto los ojos, nosotros no lo sabemos; él edad tiene, preguntadle á él; él hablará de sí.
Esto dijeron sus padres, porque tenían miedo de los Judíos; porque ya los Judíos habían acordado, que si alguno confesase que Jesús era el Cristo, fuese fuera de la sinagoga.
Por eso dijeron sus padres: Edad tiene, preguntadle á él.
Volvieron, pues, á llamar al hombre que había sido ciego, y dijéronle: Da gloria á Dios: nosotros sabemos que este hombre es pecador.
Entonces él respondió, y dijo: Si es pecador, no lo sé; una cosa sé, que habiendo yo ciego, ahora veo.
Volviéronle á decir: ¿Qué te hizo? ¿cómo te abrió los ojos?
Respondióles: Ya os lo he dicho, y no habéis oído; ¿por qué queréislo oír otra vez? ¿queréis también vosotros haceros sus discípulos?
Y ellos le injuriaron, y dijeron: Tú eres su discípulo; mas nosotros discípulos de Moisés somos.
Nosotros sabemos que á Moisés habló Dios; mas éste no sabemos de dónde sea.
Respondió aquel hombre, y díjoles: Por cierto, esto es maravilloso, que vosotros no sabéis de dónde sea, y á mí me abrió los ojos.
Y sabemos que Dios no oye á los pecadores; mas si alguno es temeroso de Dios, y hace su voluntad, á éste oye.
Desde el siglo no fué oído, que alguno abriese los ojos á uno que nació ciego.
Si éste no fuera de Dios, no pudiera hacer nada.
Respondieron, y dijéronle: Tú eres del todo nacido en pecados, ¿y nos enseñas á nosotros? Y le echaron fuera.
Jesús oyó que le habían echado fuera; y hallándole, le dijo: ¿Crees tú en el Hijo de Dios?
Respondió él y dijo: ¿Quién es, Señor, para que crea en él?
Y díjole Jesús: Y le has visto, y el que habla contigo, él es.
Y él dijo: Creo, Señor; y le adoró.
Y dijo Jesús: Para juicio he venido yo á este mundo; para que los que no ven, vean; y los que ven, sean cegados.
Y oyeron esto algunos de los Fariseos que estaban con él, y dijéronle: ¿Somos nosotros también ciegos?
Jesús les dijo: Si fuerais ciegos, no tuvierais pecado; mas ahora, porque decís, Vemos, por tanto vuestro pecado permanece.