Hechos es universalmente aceptado como canónico por todas las tradiciones cristianas principales. Es el segundo volumen de la obra de Lucas (Lucas-Hechos) y sirve como puente entre los Evangelios y las Epístolas, narrando la expansión de la iglesia primitiva desde Jerusalén hasta Roma.
Hechos
Capítulo 11
Oyeron los apóstoles y los hermanos que estaban en Judea, que también los gentiles habían recibido la palabra de Dios.
Y cuando Pedro subió a Jerusalén, disputaban con él los que eran de la circuncisión,
diciendo: ¿Por qué has entrado en casa de hombres incircuncisos, y has comido con ellos?
Entonces Pedro comenzó a contarles por orden, diciendo:
Estaba yo en la ciudad de Jope orando, y vi en éxtasis una visión: algo semejante a un gran lienzo que descendía, bajado del cielo por sus cuatro puntas, y vino hasta mí;
al cual, cuando fijé los ojos, consideré y vi cuadrúpedos terrestres, y fieras, y reptiles, y aves del cielo.
Y oí una voz que me decía: Levántate, Pedro, mata y come.
Y dije: Señor, no; porque ninguna cosa común o inmunda entró jamás en mi boca.
Respondió la voz del cielo la segunda vez: Lo que Dios limpió, no lo llames tú común.
Esto aconteció tres veces; y todo fue recogido nuevamente al cielo.
Y he aquí, luego tres hombres que habían sido enviados de Cesarea a Jope, estaban en la casa donde yo estaba,
y el Espíritu me dijo que fuese con ellos sin dudar. Fueron también conmigo estos seis hermanos, y entramos en casa de aquel hombre.
Y él nos contó cómo había visto a un ángel en su casa, que se puso en pie y le dijo: Envía hombres a Jope, y haz venir a Simón, el que tiene por sobrenombre Pedro,
quien te hablará palabras por las cuales serás salvo tú y toda tu casa.
Y cuando comencé a hablar, cayó el Espíritu Santo sobre ellos, como también sobre nosotros al principio.
Entonces me acordé de lo dicho por el Señor: Juan ciertamente bautizó con agua, pero vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo.
Si Dios, pues, les concedió el mismo don que a nosotros que hemos creído en el Señor Jesucristo, ¿quién era yo que pudiese estorbar a Dios?
Entonces, oídas estas cosas, callaron, y glorificaron a Dios, diciendo: ¡De modo que también a los gentiles ha dado Dios arrepentimiento para vida!
Los que habían sido esparcidos a causa de la persecución que sobrevino con motivo de Esteban, pasaron hasta Fenicia, Chipre y Antioquía, no hablando a nadie la palabra sino sólo a los judíos.
Pero había entre ellos algunos varones de Chipre y de Cirene, los cuales, cuando entraron en Antioquía, hablaron también a los griegos, anunciando el evangelio del Señor Jesús.
Y la mano del Señor estaba con ellos, y gran número creyó y se convirtió al Señor.
Llegó la noticia de estas cosas a oídos de la iglesia que estaba en Jerusalén; y enviaron a Bernabé que fuese hasta Antioquía.
Éste, cuando llegó y vio la gracia de Dios, se regocijó, y exhortó a todos a que con propósito de corazón permaneciesen fieles al Señor.
Porque era varón bueno, y lleno del Espíritu Santo y de fe. Y mucha gente fue agregada al Señor.
Después fue Bernabé a Tarso para buscar a Saulo;
y hallándole, le trajo a Antioquía. Y se reunieron allí todo un año con la iglesia, y enseñaron a mucha gente; y a los discípulos se les llamó cristianos por primera vez en Antioquía.
En aquellos días unos profetas descendieron de Jerusalén a Antioquía.
Y levantándose uno de ellos, llamado Ágabo, daba a entender por el Espíritu, que vendría una gran hambre en toda la tierra habitada; la cual sucedió en tiempo de Claudio.
Entonces los discípulos, cada uno conforme a lo que tenía, determinaron enviar socorro a los hermanos que habitaban en Judea;
lo cual en efecto hicieron, enviándolo a los ancianos por mano de Bernabé y de Saulo.