Hechos es universalmente aceptado como canónico por todas las tradiciones cristianas principales. Es el segundo volumen de la obra de Lucas (Lucas-Hechos) y sirve como puente entre los Evangelios y las Epístolas, narrando la expansión de la iglesia primitiva desde Jerusalén hasta Roma.
Hechos
Capítulo 15
Entonces unos que venían de Judea enseñaban a los hermanos: Si no os circuncidáis conforme al rito de Moisés, no podéis ser salvos.
Como Pablo y Bernabé tuviesen una discusión y contienda no pequeña con ellos, se dispuso que subiesen Pablo y Bernabé a Jerusalén, y algunos otros de ellos, a los apóstoles y a los ancianos, para tratar esta cuestión.
Ellos, pues, habiendo sido enviados por la iglesia, pasaron por Fenicia y Samaria, contando la conversión de los gentiles; y causaron gran gozo a todos los hermanos.
Y llegados a Jerusalén, fueron recibidos por la iglesia y por los apóstoles y los ancianos, y contaron todas las cosas que Dios había hecho con ellos.
Pero algunos de la secta de los fariseos, que habían creído, se levantaron diciendo: Es necesario circuncidarlos, y mandarles que guarden la ley de Moisés.
Y se reunieron los apóstoles y los ancianos para conocer de este asunto.
Después de mucha discusión, Pedro se levantó y les dijo: Varones hermanos, vosotros sabéis cómo ya hace algún tiempo que Dios escogió que los gentiles oyesen por mi boca la palabra del evangelio y creyesen.
Y Dios, que conoce los corazones, les dio testimonio, dándoles el Espíritu Santo lo mismo que a nosotros;
y ninguna diferencia hizo entre nosotros y ellos, purificando por la fe sus corazones.
Ahora, pues, ¿por qué tentáis a Dios, poniendo sobre la cerviz de los discípulos un yugo que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar?
Antes creemos que por la gracia del Señor Jesús seremos salvos, de igual modo que ellos.
Entonces toda la multitud calló, y oyeron a Bernabé y a Pablo, que contaban cuán grandes señales y maravillas había hecho Dios por medio de ellos entre los gentiles.
Y cuando ellos cesaron de hablar, Jacobo respondió diciendo: Varones hermanos, oídme:
Simón ha contado cómo Dios visitó por primera vez a los gentiles, para tomar de ellos pueblo para su nombre.
Y con esto concuerdan las palabras de los profetas, como está escrito:
Después de esto volveré, y reedificaré el tabernáculo de David, que está caído; y repararé sus ruinas, y lo volveré a levantar;
para que el resto de los hombres busque al Señor, y todos los gentiles, sobre los cuales es invocado mi nombre, dice el Señor, que hace todas estas cosas.
Desde el siglo son conocidas a Dios todas sus obras.
Por lo cual yo juzgo que no se inquiete a los gentiles que se convierten a Dios,
sino que se les escriba que se aparten de las contaminaciones de los ídolos, de fornicación, de lo estrangulado y de sangre.
Porque Moisés desde tiempos antiguos tiene en cada ciudad quienes lo prediquen, siendo leído en las sinagogas todos los días de reposo.
Entonces pareció bien a los apóstoles y a los ancianos, con toda la iglesia, elegir de entre ellos varones y enviarlos a Antioquía con Pablo y Bernabé; a Judas, llamado Barsabás, y a Silas, varones principales entre los hermanos;
y escribir por conducto de ellos: Los apóstoles y los ancianos y los hermanos, a los hermanos de entre los gentiles que están en Antioquía, Siria y Cilicia, salud.
Por cuanto hemos oído que algunos que han salido de nosotros, sin instrucciones os han inquietado con palabras, perturbando vuestras almas, mandando circuncidaros y guardar la ley, a los cuales no les dimos orden;
nos ha parecido bien, reunidos de común acuerdo, elegir varones y enviarlos a vosotros con nuestros amados Bernabé y Pablo,
hombres que han expuesto su vida por el nombre de nuestro Señor Jesucristo.
Enviamos, pues, a Judas y a Silas, quienes también de palabra os harán saber lo mismo.
Porque ha parecido bien al Espíritu Santo, y a nosotros, no imponeros ninguna carga más que estas cosas necesarias:
que os abstengáis de lo sacrificado a los ídolos, de sangre, de lo estrangulado y de fornicación; si os guardareis de estas cosas, bien haréis. Pasadlo bien.
Así, pues, los que habían sido enviados descendieron a Antioquía, y reuniendo a la congregación, entregaron la carta.
Cuando la leyeron, se regocijaron por la consolación.
Y Judas y Silas, como también eran profetas, consolaron a los hermanos con abundantes palabras, y los confirmaron.
Y después de estar allí algún tiempo, fueron despedidos en paz por los hermanos, para que volviesen a los que los habían enviado.
Pero a Silas les pareció bien quedarse allí.
Pablo y Bernabé continuaron en Antioquía, enseñando la palabra del Señor y predicando con otros muchos.
Algún tiempo después, Pablo dijo a Bernabé: Volvamos ahora a visitar a los hermanos en todas las ciudades en que hemos anunciado la palabra del Señor, para ver cómo están.
Y Bernabé quería que llevasen también consigo a Juan, el que tenía por sobrenombre Marcos.
Mas a Pablo no le parecía bien llevar consigo a quien se había apartado de ellos desde Panfilia, y no había ido con ellos a la obra.
Y hubo tal desacuerdo entre ellos, que se separaron el uno del otro; Bernabé, tomando a Marcos, navegó a Chipre,
y Pablo, escogiendo a Silas, salió encomendado por los hermanos a la gracia del Señor,
y recorrió Siria y Cilicia, confirmando a las iglesias.