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Hechos es universalmente aceptado como canónico por todas las tradiciones cristianas principales. Es el segundo volumen de la obra de Lucas (Lucas-Hechos) y sirve como puente entre los Evangelios y las Epístolas, narrando la expansión de la iglesia primitiva desde Jerusalén hasta Roma.

Hechos

Capítulo 17

1

Pasando por Anfípolis y Apolonia, llegaron a Tesalónica, donde había una sinagoga de judíos.

2

Y Pablo, como acostumbraba, fue a ellos, y por tres días de reposo discutió con ellos, basándose en las Escrituras,

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declarando y exponiendo que era necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos; y que Jesús, a quien yo os anuncio, decía él, es el Cristo.

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Y algunos de ellos creyeron, y se juntaron con Pablo y con Silas; y de los griegos devotos gran número, y no pocas mujeres distinguidas.

5

Pero los judíos que no creían, teniendo celos, tomaron a algunos hombres malvados de entre los ociosos, y juntando una turba, alborotaron la ciudad; y asaltando la casa de Jasón, procuraban sacarlos al pueblo.

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Y no hallándolos, arrastraron a Jasón y a algunos hermanos ante las autoridades de la ciudad, dando voces: Estos que trastornan el mundo entero también han venido acá;

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y Jasón los ha recibido; y todos estos contravienen los decretos de César, diciendo que hay otro rey, Jesús.

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Y alborotaron al pueblo y a las autoridades de la ciudad, que oían estas cosas;

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pero obtenida fianza de Jasón y de los demás, los soltaron.

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Inmediatamente, los hermanos enviaron de noche a Pablo y a Silas hasta Berea. Y ellos, habiendo llegado, entraron en la sinagoga de los judíos.

11

Y éstos eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así.

12

Así que creyeron muchos de ellos, y no pocos griegos de buena posición, así hombres como mujeres.

13

Cuando los judíos de Tesalónica supieron que también en Berea era anunciada la palabra de Dios por Pablo, fueron allá, y también alborotaron a la multitud.

14

Pero entonces inmediatamente los hermanos enviaron a Pablo que fuese hasta el mar; y Silas y Timoteo se quedaron allí.

15

Y los que habían sido enviados llevaron a Pablo hasta Atenas; y habiendo recibido orden para Silas y Timoteo de que viniesen a él lo más pronto posible, salieron.

16

Mientras Pablo los esperaba en Atenas, su espíritu se enardecía viendo la ciudad entregada a la idolatría.

17

Así que disputaba en la sinagoga con los judíos y piadosos, y en el mercado cada día con los que se hallaban.

18

Y algunos de los filósofos epicúreos y estoicos disputaban con él; y unos decían: ¿Qué querrá decir este palabrero? Y otros: Parece ser predicador de nuevos dioses; porque les predicaba a Jesús y la resurrección.

19

Y tomándole, le trajeron al Areópago, diciendo: ¿Podremos saber qué es esta nueva enseñanza de que hablas?

20

Porque traes a nuestros oídos cosas extrañas. Queremos, pues, saber qué quiere decir esto.

21

(Porque todos los atenienses y los extranjeros residentes allí, en ninguna otra cosa se interesaban sino en decir o en oír algo nuevo.)

22

Entonces Pablo, puesto en pie en medio del Areópago, dijo: Varones atenienses, en todo os veo muy religiosos;

23

porque pasando y mirando vuestros santuarios, hallé también un altar en el cual estaba esta inscripción: AL DIOS NO CONOCIDO. Al que vosotros adoráis, pues, sin conocerle, es a quien yo os anuncio.

24

El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas,

25

ni es adorado por manos de hombres, como si necesitase algo; pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas.

26

Y de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habiten sobre toda la faz de la tierra; y les ha prefijado el orden de los tiempos, y los límites de su habitación;

27

para que busquen a Dios, si en alguna manera, palpando, le hallen; aunque ciertamente no está lejos de cada uno de nosotros.

28

Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos; como algunos de vuestros propios poetas también han dicho: Porque linaje suyo somos.

29

Siendo, pues, linaje de Dios, no debemos pensar que la Divinidad sea semejante a oro, o plata, o piedra, escultura de arte y de imaginación de hombres.

30

Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan;

31

por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos.

32

Cuando oyeron lo de la resurrección de los muertos, unos se burlaban, y otros decían: Ya te oiremos acerca de esto otra vez.

33

Así Pablo salió de en medio de ellos.

34

Mas algunos se unieron a él y creyeron; entre los cuales estaba Dionisio el areopagita, una mujer llamada Dámaris, y otros con ellos.

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