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Hechos es universalmente aceptado como canónico por todas las tradiciones cristianas principales. Es el segundo volumen de la obra de Lucas (Lucas-Hechos) y sirve como puente entre los Evangelios y las Epístolas, narrando la expansión de la iglesia primitiva desde Jerusalén hasta Roma.

Hechos

Capítulo 24

1

Cinco días después, descendió el sumo sacerdote Ananías con algunos ancianos y un cierto orador llamado Tértulo, y comparecieron ante el gobernador contra Pablo.

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Y habiéndole llamado, Tértulo comenzó a acusarle, diciendo: Como por ti gozamos de gran paz, y muchas cosas son bien gobernadas en este pueblo por tu prudencia,

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siempre y en todas partes lo reconocemos, excelentísimo Félix, con toda gratitud.

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Pero para no serte más tedioso, te ruego que nos oigas brevemente según tu clemencia.

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Porque hemos hallado que este hombre es una plaga, y promueve sediciones entre todos los judíos por todo el mundo, y es cabecilla de la secta de los nazarenos;

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el cual aun al templo intentó profanar; y nosotros, apoderándonos de él, le quisimos juzgar conforme a nuestra ley;

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pero interviniendo el tribuno Lisias, con gran violencia le quitó de nuestras manos,

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mandando a sus acusadores que viniesen a ti; y examinándole tú mismo, podrás informarte de todas estas cosas de que le acusamos.

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Los judíos también le acometieron, afirmando que estas cosas eran así.

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Entonces Pablo, habiéndole hecho señal el gobernador para que hablase, respondió: Porque sé que desde hace muchos años eres juez de esta nación, con buena conciencia haré defensa de las cosas que a mí tocan.

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Porque tú puedes entender que no hace más de doce días que subí a Jerusalén a adorar;

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y no me hallaron disputando con ninguno ni amotinando al pueblo en el templo, ni en las sinagogas, ni en la ciudad;

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ni pueden probar las cosas de que ahora me acusan.

14

Pero esto te confieso, que según el Camino que ellos llaman herejía, así sirvo al Dios de mis padres, creyendo todas las cosas que en la ley y en los profetas están escritas;

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teniendo esperanza en Dios, la cual ellos también abrigan, de que ha de haber resurrección de los muertos, así de justos como de injustos.

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Y por esto procuro tener siempre una conciencia sin ofensa ante Dios y ante los hombres.

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Después de muchos años he venido a hacer limosnas a mi nación y a presentar ofrendas.

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En lo cual me hallaron unos judíos de Asia purificado en el templo, no con multitud ni con alboroto.

19

Ellos debían estar presentes ante ti y acusarme, si contra mí tenían algo.

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O díganos éstos mismos si hallaron en mí alguna cosa mala, estando yo ante el concilio,

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a no ser que sea por esta sola palabra que dije en alta voz estando entre ellos: Acerca de la resurrección de los muertos soy juzgado hoy por vosotros.

22

Oyendo esto, Félix, que estaba bien informado de este Camino, les aplazó, diciendo: Cuando descendiere el tribuno Lisias, conoceré de vuestro asunto.

23

Y mandó a un centurión que custodiase a Pablo, pero que le permitiera alguna libertad, y que no impidiese a ninguno de los suyos que le sirviese.

24

Algunos días después, viniendo Félix con su esposa Drusila, que era judía, mandó llamar a Pablo, y le oyó acerca de la fe en Jesucristo.

25

Pero al disertar Pablo acerca de la justicia, del dominio propio y del juicio venidero, Félix, atemorizado, dijo: Ahora vete; cuando tenga oportunidad te llamaré.

26

Esperaba también que Pablo le diese dinero para que le soltase; por lo cual le enviaba a llamar con frecuencia y hablaba con él.

27

Pasados dos años, recibió Félix por sucesor a Porcio Festo; y queriendo Félix congraciarse con los judíos, dejó preso a Pablo.

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