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Hechos es universalmente aceptado como canónico por todas las tradiciones cristianas principales. Es el segundo volumen de la obra de Lucas (Lucas-Hechos) y sirve como puente entre los Evangelios y las Epístolas, narrando la expansión de la iglesia primitiva desde Jerusalén hasta Roma.

Hechos

Capítulo 26

1

Entonces Agripa dijo a Pablo: Se te permite hablar por ti mismo. Pablo entonces, extendiendo la mano, comenzó su defensa diciendo:

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Acerca de todas las cosas de que soy acusado por los judíos, me tengo por dichoso, oh rey Agripa, de que haya de defenderme hoy delante de ti,

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mayormente porque tú eres experto en todas las costumbres y cuestiones de los judíos; por lo cual te ruego que me oigas con paciencia.

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Mi vida, pues, desde mi juventud, la cual desde el principio pasé en mi nación, en Jerusalén, todos los judíos la conocen;

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porque ellos saben, si lo quieren declarar, que conforme a la más rigurosa secta de nuestra religión, he vivido fariseo.

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Y ahora, por la esperanza de la promesa que Dios hizo a nuestros padres, soy traído a juicio,

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promesa cuyo cumplimiento nuestras doce tribus esperan alcanzar, sirviendo constantemente a Dios noche y día. Por esta esperanza, oh rey Agripa, soy acusado por los judíos.

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¿Por qué se juzga increíble entre vosotros que Dios resucite a los muertos?

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Yo ciertamente pensaba dentro de mí que debía hacer muchas cosas contra el nombre de Jesús de Nazaret;

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lo cual también hice en Jerusalén. Yo encerré en cárcel a muchos de los santos, recibiendo poder de los principales sacerdotes; y cuando los mataban, yo daba mi voto.

11

Y muchas veces, castigándolos en todas las sinagogas, los forcé a blasfemar; y enfurecido sobremanera contra ellos, los perseguí hasta en las ciudades extranjeras.

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Ocupado en esto, iba yo a Damasco con poder y comisión de los principales sacerdotes,

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cuando a mediodía, oh rey, vi en el camino una luz del cielo que sobrepujaba el resplandor del sol, la cual me rodeó a mí y a los que iban conmigo.

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Y cayendo todos nosotros en tierra, oí una voz que me hablaba, y decía en lengua hebrea: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Dura cosa te es dar coces contra el aguijón.

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Yo entonces dije: ¿Quién eres, Señor? Y él dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues.

16

Pero levántate, y ponte sobre tus pies; porque para esto me he aparecido a ti, para hacerte ministro y testigo de las cosas que has visto, y de aquellas en que me apareceré a ti;

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librándote de tu pueblo y de los gentiles, a los cuales ahora te envío,

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para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados.

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Por lo cual, oh rey Agripa, no fui rebelde a la visión celestial,

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sino que anuncié primeramente a los que están en Damasco, y Jerusalén, y por toda la tierra de Judea, y también a los gentiles, que se arrepintiesen y se convirtiesen a Dios, haciendo obras dignas de arrepentimiento.

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Por causa de esto, los judíos, prendiéndome en el templo, intentaron matarme.

22

Pero habiendo obtenido auxilio de Dios, persevero hasta el día de hoy, dando testimonio a pequeños y a grandes, no diciendo nada fuera de las cosas que los profetas y Moisés dijeron que habían de suceder:

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que el Cristo había de padecer, y ser el primero de la resurrección de los muertos, y anunciaría luz al pueblo y a los gentiles.

24

Diciendo él estas cosas en su defensa, Festo a gran voz dijo: Estás loco, Pablo; las muchas letras te vuelven loco.

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Mas él dijo: No estoy loco, excelentísimo Festo, sino que hablo palabras de verdad y de cordura.

26

Porque el rey sabe de estas cosas, delante de quien también hablo con denuedo; pues no creo que ignora nada de esto; porque no se ha hecho esto en un rincón.

27

¿Crees, rey Agripa, a los profetas? Yo sé que crees.

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Entonces Agripa dijo a Pablo: Por poco me persuades a ser cristiano.

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Y Pablo dijo: ¡Quisiera Dios que por poco o por mucho, no solamente tú, sino también todos los que hoy me oyen, fueseis hechos tales cual yo soy, excepto estas cadenas!

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Levantándose luego el rey, y el gobernador, y Berenice, y los que con ellos estaban sentados,

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y retirándose aparte, hablaron entre sí, diciendo: Ninguna cosa digna ni de muerte ni de prisión ha hecho este hombre.

32

Y Agripa dijo a Festo: Este hombre podía ser puesto en libertad si no hubiera apelado a César.

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