Hechos es universalmente aceptado como canónico por todas las tradiciones cristianas principales. Es el segundo volumen de la obra de Lucas (Lucas-Hechos) y sirve como puente entre los Evangelios y las Epístolas, narrando la expansión de la iglesia primitiva desde Jerusalén hasta Roma.
Hechos
Capítulo 28
Y estando a salvo, supimos que la isla se llamaba Malta.
Y los naturales nos trataron con no poca humanidad; porque encendiendo un fuego, nos recibieron a todos, a causa de la lluvia que caía, y del frío.
Mas habiendo Pablo recogido algunas ramas secas, y poniéndolas al fuego, una víbora, huyendo del calor, se le pegó a la mano.
Cuando los naturales vieron la víbora colgando de su mano, se decían unos a otros: Ciertamente este hombre es homicida, a quien, escapado del mar, la justicia no deja vivir.
Pero él, sacudiendo la víbora en el fuego, ningún mal padeció.
Ellos estaban esperando que él se hinchase, o cayese muerto de repente; mas habiendo esperado mucho, y viendo que ningún mal le venía, mudaron de parecer y dijeron que era un dios.
En aquellos lugares había propiedades del hombre principal de la isla, llamado Publio, quien nos recibió y nos hospedó tres días cortésmente.
Y aconteció que el padre de Publio estaba en cama, enfermo de fiebre y de disentería; y entró Pablo, y después de haber orado, le impuso las manos, y le sanó.
Hecho esto, también los otros que en la isla tenían enfermedades, venían y eran sanados;
los cuales también nos honraron con muchas atenciones; y cuando zarpamos, nos cargaron de las cosas necesarias.
Pasados tres meses, zarpamos en una nave alejandrina que había invernado en la isla, la cual tenía por enseña a Cástor y Pólux.
Y llegando a Siracusa, estuvimos allí tres días.
De allí, bordeando la costa, llegamos a Regio; y al siguiente día, soplando el sur, llegamos a Pozzuoli, dos días después;
donde hallamos hermanos, quienes nos rogaron que nos quedásemos con ellos siete días; y así llegamos a Roma.
Y oyendo los hermanos de nuestro arribo, nos salieron a recibir hasta el Foro de Apio y las Tres Tabernas; cuando Pablo los vio, dio gracias a Dios y cobró ánimo.
Cuando llegamos a Roma, el centurión entregó los presos al prefecto del campamento; pero a Pablo se le permitió vivir aparte, con un soldado que le custodiase.
Aconteció que tres días después, Pablo convocó a los principales de los judíos, y cuando estuvieron reunidos, les dijo: Varones hermanos, no habiendo yo hecho nada contra el pueblo ni contra las costumbres de nuestros padres, he sido entregado preso desde Jerusalén en manos de los romanos;
los cuales, después de haberme examinado, me querían soltar, porque ninguna causa de muerte había en mí.
Pero oponiéndose los judíos, me vi obligado a apelar a César; no porque tenga de qué acusar a mi nación.
Así que por esta causa os he llamado para veros y hablaros; pues por la esperanza de Israel estoy sujeto con esta cadena.
Ellos entonces le dijeron: Nosotros ni hemos recibido cartas de Judea acerca de ti, ni ninguno de los hermanos ha venido y nos haya denunciado o hablado algún mal de ti.
Pero quisiéramos oír de ti lo que piensas; porque de esta secta nos es notorio que en todas partes se habla contra ella.
Y habiéndole señalado un día, vinieron a él muchos a la posada, a los cuales les declaraba y les testificaba el reino de Dios desde la mañana hasta la tarde, persuadiéndoles acerca de Jesús, tanto por la ley de Moisés como por los profetas.
Y algunos asentían a lo que se decía, pero otros no creían.
Y como no estuviesen de acuerdo entre sí, al retirarse, les dijo Pablo una palabra: Bien habló el Espíritu Santo por medio del profeta Isaías a nuestros padres,
diciendo: Ve a este pueblo, y diles: De oído oiréis, y no entenderéis; y viendo veréis, y no percibiréis;
porque el corazón de este pueblo se ha engrosado, y con los oídos oyen pesadamente, y han cerrado sus ojos; para que no vean con los ojos, ni oigan con los oídos, ni entiendan de corazón, y se conviertan, y yo los sane.
Sabed, pues, que a los gentiles es enviada esta salvación de Dios; y ellos oirán.
Y cuando hubo dicho esto, los judíos se fueron, teniendo gran discusión entre sí.
Y Pablo permaneció dos años enteros en una casa alquilada, y recibía a todos los que a él venían,
predicando el reino de Dios y enseñando las cosas concernientes al Señor Jesucristo, con toda libertad, sin impedimento.