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Hechos es universalmente aceptado como canónico por todas las tradiciones cristianas principales. Es el segundo volumen de la obra de Lucas (Lucas-Hechos) y sirve como puente entre los Evangelios y las Epístolas, narrando la expansión de la iglesia primitiva desde Jerusalén hasta Roma.

Hechos

Capítulo 7

1

El sumo sacerdote dijo entonces: ¿Es esto así?

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Y él dijo: Varones hermanos y padres, oíd: El Dios de la gloria apareció a nuestro padre Abraham, estando en Mesopotamia, antes que morase en Harán,

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y le dijo: Sal de tu tierra y de tu parentela, y ven a la tierra que te mostraré.

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Entonces salió de la tierra de los caldeos y habitó en Harán; y de allí, muerto su padre, Dios le trasladó a esta tierra, en que vosotros habitáis ahora.

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Y no le dio herencia en ella, ni aun para asentar un pie; mas le prometió que se la daría en posesión, y a su descendencia después de él, cuando aún no tenía hijo.

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Y le dijo Dios así: Su descendencia será extranjera en tierra ajena, y los reducirán a servidumbre y los maltratarán, por cuatrocientos años.

7

Mas yo juzgaré a la nación de la cual fueren siervos —dijo Dios—; y después de esto saldrán y me adorarán en este lugar.

8

Y le dio el pacto de la circuncisión; y así Abraham engendró a Isaac, y le circuncidó al octavo día; e Isaac a Jacob, y Jacob a los doce patriarcas.

9

Y los patriarcas, movidos por envidia, vendieron a José para que fuese llevado a Egipto; pero Dios estaba con él,

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y le libró de todas sus tribulaciones, y le dio gracia y sabiduría delante de Faraón, rey de Egipto, el cual le puso por gobernador sobre Egipto y sobre toda su casa.

11

Vino entonces hambre en toda la tierra de Egipto y de Canaán, y grande aflicción; y nuestros padres no hallaban alimentos.

12

Cuando oyó Jacob que había trigo en Egipto, envió a nuestros padres la primera vez.

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Y en la segunda vez, José fue reconocido por sus hermanos, y fue manifestado a Faraón su parentela.

14

Y enviando José, hizo venir a su padre Jacob y a toda su parentela, esto es, setenta y cinco personas.

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Descendió Jacob a Egipto, y murió él y nuestros padres;

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y fueron trasladados a Siquem, y puestos en el sepulcro que Abraham compró de los hijos de Hamor, padre de Siquem, por cierta suma de dinero.

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Pero cuando se acercaba el tiempo de la promesa que Dios había jurado a Abraham, el pueblo creció y se multiplicó en Egipto,

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hasta que se levantó otro rey en Egipto que no conocía a José.

19

Éste, usando de astucia con nuestra raza, maltrató a nuestros padres, haciéndoles exponer a sus niños para que no viviesen.

20

En aquel tiempo nació Moisés, y fue agradable a Dios; y fue criado tres meses en la casa de su padre.

21

Pero al ser expuesto, la hija de Faraón le recogió y le crió como a un hijo suyo.

22

Y fue instruido Moisés en toda la sabiduría de los egipcios; y era poderoso en sus palabras y obras.

23

Cuando cumplió la edad de cuarenta años, le vino el pensamiento de visitar a sus hermanos, los hijos de Israel.

24

Y viendo a uno que era injuriado, lo defendió, y vengó al que era agraviado, hiriendo al egipcio.

25

Pero él pensaba que sus hermanos comprendían que Dios les daría libertad por su mano; mas ellos no lo habían entendido.

26

Y al día siguiente, cuando ellos reñían, se presentó Moisés, y procuraba ponerlos en paz, diciendo: Varones, hermanos sois, ¿por qué os maltratáis?

27

Entonces el que maltrataba a su prójimo le rechazó, diciendo: ¿Quién te ha puesto por gobernante y juez sobre nosotros?

28

¿Quieres tú matarme, como mataste ayer al egipcio?

29

A esta palabra Moisés huyó, y vivió como extranjero en tierra de Madián, donde engendró dos hijos.

30

Pasados cuarenta años, un ángel se le apareció en el desierto del monte Sinaí, en la llama de fuego de una zarza.

31

Entonces Moisés, maravillándose, se acercó a mirar; y vino a él la voz del Señor:

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Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob. Y Moisés, temblando, no se atrevía a mirar.

33

Y el Señor le dijo: Quita el calzado de tus pies, porque el lugar donde estás es tierra santa.

34

Ciertamente he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto; he oído sus gemidos, y he descendido para librarlos. Y ahora ven, te enviaré a Egipto.

35

A este Moisés, a quien rechazaron diciendo: ¿Quién te ha puesto por gobernante y juez? le envió Dios como gobernante y libertador por mano del ángel que se le apareció en la zarza.

36

Éste los sacó, habiendo hecho prodigios y señales en la tierra de Egipto, en el Mar Rojo, y en el desierto por cuarenta años.

37

Este Moisés es el que dijo a los hijos de Israel: Profeta os levantará el Señor vuestro Dios de entre vuestros hermanos, como a mí; a él oiréis.

38

Éste es aquel que estuvo en la congregación en el desierto con el ángel que le hablaba en el monte Sinaí, y con nuestros padres; el que recibió las palabras de vida para darnos,

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al cual nuestros padres no quisieron obedecer, sino que lo rechazaron, y en sus corazones se volvieron a Egipto,

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diciendo a Aarón: Haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque a este Moisés que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido.

41

Entonces hicieron un becerro, y ofrecieron sacrificio al ídolo, y en las obras de sus manos se regocijaron.

42

Y Dios se apartó, y los entregó a rendir culto al ejército del cielo; como está escrito en el libro de los profetas: ¿Acaso me ofrecisteis víctimas y sacrificios en el desierto por cuarenta años, casa de Israel?

43

Antes bien, llevasteis el tabernáculo de Moloc, y la estrella de vuestro dios Renfán, figuras que os hicisteis para adorarlas; yo, pues, os trasladaré más allá de Babilonia.

44

Nuestros padres tuvieron el tabernáculo del testimonio en el desierto, como había ordenado Dios cuando dijo a Moisés que lo hiciese conforme al modelo que había visto.

45

El cual, recibido a su vez por nuestros padres, lo introdujeron con Josué al poseer la tierra de los gentiles, a los cuales Dios echó de la presencia de nuestros padres, hasta los días de David;

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el cual halló gracia delante de Dios, y pidió hallar tabernáculo para el Dios de Jacob.

47

Mas Salomón le edificó una casa.

48

Si bien el Altísimo no habita en templos hechos de manos, como el profeta dice:

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El cielo es mi trono, y la tierra estrado de mis pies. ¿Qué casa me edificaréis? dice el Señor; ¿o cuál es el lugar de mi reposo?

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¿No hizo mi mano todas estas cosas?

51

Duros de cerviz, e incircuncisos de corazón y de oídos, vosotros resistís siempre al Espíritu Santo; como vuestros padres, así también vosotros.

52

¿A cuál de los profetas no persiguieron vuestros padres? Y mataron a los que anunciaron de antemano la venida del Justo, de quien vosotros ahora habéis sido entregadores y matadores;

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vosotros que recibiste la ley por disposición de ángeles, y no la guardasteis.

54

Oyendo estas cosas, se enfurecían en sus corazones, y crujían los dientes contra él.

55

Pero Esteban, lleno del Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús de pie a la diestra de Dios,

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y dijo: He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre de pie a la diestra de Dios.

57

Entonces ellos, dando grandes voces, se taparon los oídos, y arremetieron a una contra él;

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y echándole fuera de la ciudad, le apedrearon; y los testigos pusieron sus ropas a los pies de un joven que se llamaba Saulo.

59

Y apedreaban a Esteban, mientras él invocaba y decía: Señor Jesús, recibe mi espíritu.

60

Y puesto de rodillas, clamó a gran voz: Señor, no les tomes en cuenta este pecado. Y habiendo dicho esto, durmió.

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