Romanos es universalmente aceptado como canónico y es considerado la exposición más sistemática de la teología de Pablo. Fue escrito a la comunidad cristiana diversa en Roma, compuesta por creyentes tanto judíos como gentiles.
Romanos
Capítulo 15
Así que, los que somos fuertes debemos soportar las flaquezas de los débiles, y no agradarnos a nosotros mismos.
Cada uno de nosotros agrade a su prójimo en lo que es bueno, para edificación.
Porque ni aun Cristo se agradó a sí mismo; antes bien, como está escrito: Los vituperios de los que te vituperaban, cayeron sobre mí.
Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que por la paciencia y por la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza.
Pero el Dios de la paciencia y de la consolación os dé entre vosotros un mismo sentir según Cristo Jesús,
para que unánimes, a una voz, glorifiquéis al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo.
Por tanto, recibíos los unos a los otros, como también Cristo nos recibió, para gloria de Dios.
Digo, pues, que Cristo Jesús fue ministro de la circuncisión para la verdad de Dios, para confirmar las promesas hechas a los padres,
y para que los gentiles glorifiquen a Dios por su misericordia, como está escrito: Por tanto, te confesaré entre los gentiles, y cantaré a tu nombre.
Y otra vez dice: Alegraos, gentiles, con su pueblo.
Y otra vez: Alabad al Señor, todos los gentiles, y magnificadle, todos los pueblos.
Y otra vez Isaías dice: Estará la raíz de Isaí, y el que se levanta a regir los gentiles; en él esperarán los gentiles.
Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo.
Pero estoy seguro de vosotros, hermanos míos, de que vosotros mismos estáis llenos de bondad, llenos de todo conocimiento, y podéis amonestaros los unos a los otros.
Mas os he escrito, hermanos, en parte con atrevimiento, como para haceros recordar, por la gracia que de Dios me es dada,
para ser ministro de Jesucristo a los gentiles, ministrando el evangelio de Dios, para que los gentiles le sean ofrenda agradable, santificada por el Espíritu Santo.
Por tanto, me glorío en Jesucristo en lo que a Dios se refiere.
Porque no osaría hablar de nada que Cristo no haya hecho por medio de mí para la obediencia de los gentiles, con la palabra y con las obras,
con potencia de señales y prodigios, en el poder del Espíritu de Dios; de manera que desde Jerusalén y por los alrededores hasta Iliria, he llenado todo del evangelio de Cristo.
Y de esta manera me esforcé a predicar el evangelio, no donde Cristo hubiera sido nombrado, para no edificar sobre fundamento ajeno,
sino como está escrito: Aquellos a quienes nunca les fue anunciado de él, verán; y los que nunca han oído de él, entenderán.
Por lo cual también muchas veces he sido estorbado de ir a vosotros.
Pero ahora, no teniendo más campo en estas regiones, y deseando veros desde hace muchos años,
cuando vaya a España, iré a vosotros; porque espero veros al pasar, y ser encaminado allá por vosotros, una vez que haya gozado de vuestra compañía.
Pero ahora voy a Jerusalén para ministrar a los santos.
Porque Macedonia y Acacia tuvieron a bien hacer una ofrenda para los pobres entre los santos que están en Jerusalén.
Pues les pareció bueno, y son deudores a ellos; porque si los gentiles han sido hechos participantes de sus bienes espirituales, deben también ministrarles de los materiales.
Así que, cuando haya concluido esto, y les haya entregado este fruto, pasaré entre vosotros rumbo a España.
Y sé que cuando vaya a vosotros, iré con la plenitud de la bendición del evangelio de Cristo.
Pero os ruego, hermanos, por nuestro Señor Jesucristo y por el amor del Espíritu, que me ayudéis orando por mí a Dios,
para que sea librado de los rebeldes que están en Judea, y que mi servicio que hago en Jerusalén sea acepto a los santos;
para que llegue a vosotros con gozo por la voluntad de Dios, y que pueda recrearme juntamente con vosotros.
Y el Dios de paz sea con todos vosotros. Amén.