1 Corintios es universalmente aceptado como canónico. Es una de las epístolas paulinas más citadas, que aborda problemas prácticos y teológicos en una iglesia primitiva dividida.
1 Corintios
Capítulo 7
En cuanto a las cosas de que me escribisteis, bueno sería al hombre no tocar mujer;
pero a causa de las fornicaciones, cada uno tenga su propia mujer, y cada una tenga su propio marido.
El marido cumpla con la mujer el deber conyugal, y asimismo la mujer con el marido.
La mujer no tiene potestad sobre su propio cuerpo, sino el marido; ni tampoco el marido tiene potestad sobre su propio cuerpo, sino la mujer.
No os neguéis el uno al otro, a menos por algún tiempo de mutuo consentimiento, para ocuparos en la oración; y volved a juntaros en uno, para que no os tiente Satanás a causa de vuestra incontinencia.
Mas esto digo por vía de concesión, no por mandamiento.
Quisiera más bien que todos los hombres fuesen como yo; pero cada uno tiene su propio don de Dios, uno a la verdad de una manera, y otro de otra.
Digo, pues, a los solteros y a las viudas, que bueno les fuera quedarse como yo;
pero si no tienen don de continencia, cásense, pues mejor es casarse que estarse quemando.
Pero a los que están unidos en matrimonio, mando, no yo, sino el Señor: Que la mujer no se separe del marido;
y si se separa, quédese sin casar, o reconcíliese con su marido; y que el marido no abandone a su mujer.
Y a los demás yo digo, no el Señor: Si algún hermano tiene mujer no creyente, y ella consiente en vivir con él, no la abandone.
Y si una mujer tiene marido no creyente, y él consiente en vivir con ella, no lo abandone.
Porque el marido incrédulo es santificado en la mujer, y la mujer incrédula es santificada en el marido; pues de otra manera vuestros hijos serían inmundos, mientras que ahora son santos.
Pero si el incrédulo se separa, sepárese; pues no está el hermano o la hermana sujeto a servidumbre en tales casos; sino que a paz nos llamó Dios.
Porque ¿qué sabes tú, oh mujer, si quizá harás salvo a tu marido? ¿O qué sabes tú, oh marido, si quizá harás salva a tu mujer?
Pero cada uno ande como Dios le repartió, y como el Señor llamó a cada uno. Así lo ordeno en todas las iglesias.
¿Es alguno llamado siendo circuncidado? Quédese circuncidado. ¿Es alguno llamado siendo incircunciso? No se circuncide.
La circuncisión nada es, y la incircuncisión nada es, sino el guardar los mandamientos de Dios.
Cada uno en la vocación con que fue llamado, en ella se quede.
¿Fuiste llamado siendo esclavo? No te preocupes; pero si puedes hacerte libre, procúralo más bien.
Porque el que en el Señor fue llamado siendo esclavo, liberto es del Señor; asimismo el que fue llamado siendo libre, siervo es de Cristo.
Por precio sois comprados; no os hagáis esclavos de los hombres.
Cada uno, hermanos, en la condición en que fue llamado, en ella se quede para con Dios.
En cuanto a las vírgenes, no tengo mandamiento del Señor; pero doy mi parecer, como quien ha alcanzado misericordia del Señor para ser fiel.
Tengo, pues, esto por bueno a causa de la necesidad apremiante, que bueno es para el hombre el quedarse como está.
¿Estás ligado a mujer? No procures soltarte. ¿Estás libre de mujer? No procures casarte.
Mas si te casas, no pecas; y si la doncella se casa, no peca; pero los tales tendrán aflicción en la carne, y yo os la quiero evitar.
Esto digo, hermanos: que el tiempo es corto; resta pues, que los que tienen esposa, sean como si no la tuviesen;
y los que lloran, como si no llorasen; y los que se alegran, como si no se alegrasen; y los que compran, como si no poseyesen;
y los que disfrutan de este mundo, como si no lo disfrutasen; porque la apariencia de este mundo se pasa.
Quisiera yo que estuvieseis sin congoja. El soltero tiene cuidado de las cosas del Señor, de cómo agradar al Señor;
pero el casado tiene cuidado de las cosas del mundo, de cómo agradar a su mujer.
Hay asimismo diferencia entre la casada y la doncella. La doncella soltera tiene cuidado de las cosas del Señor, para ser santa así en el cuerpo como en el espíritu; pero la casada tiene cuidado de las cosas del mundo, de cómo agradar a su marido.
Esto digo para vuestro provecho, no para echaros lazo, sino para lo honesto y decente, y para que sin impedimento os acerquéis al Señor.
Pero si alguno piensa que es impropio para su hija virgen, si ha pasado ya la flor de su edad, y es necesario que se case, haga lo que quiera, no peca; que se case.
Pero el que está firme en su corazón, y no tiene necesidad, sino que tiene poder sobre su propia voluntad, y ha resuelto en su corazón guardar a su hija virgen, bien hace.
De modo que el que la da en matrimonio, bien hace; y el que no la da en matrimonio, hace mejor.
La mujer está ligada por la ley mientras su marido vive; pero si su marido muere, libre es para casarse con quien quiera, con tal que sea en el Señor.
Pero es más feliz si se queda así, conforme a mi parecer; y creo que también tengo el Espíritu de Dios.