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Colosenses es universalmente aceptado como canónico. Contiene una de las presentaciones más exaltadas de la supremacía de Cristo (1:15-20) y combate firmemente las herejías gnósticas y proto-gnósticas tempranas.

Colosenses

Capítulo 4

1

Amos, haced lo que es justo y recto con vuestros siervos, sabiendo que también vosotros tenéis un Amo en los cielos.

2

Perseverad en la oración, velando en ella con acción de gracias;

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orando también a la vez por nosotros, para que el Señor nos abra puerta para la palabra, a fin de dar a conocer el misterio de Cristo, por el cual también estoy preso,

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para que lo manifieste como debo hablar.

5

Andad sabiamente para con los de afuera, aprovechando bien el tiempo.

6

Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno.

7

Todas mis cosas os hará saber Tíquico, amado hermano y fiel ministro y consiervo en el Señor;

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el cual os he enviado para esto, para que conozca vuestro estado, y consuele vuestros corazones;

9

con Onésimo, amado y fiel hermano, que es uno de vosotros. Ellos os harán saber todo lo que pasa aquí.

10

Aristarco, mi compañero de prisiones, os saluda, y Marcos, el sobrino de Bernabé, acerca del cual habéis recibido mandamientos; si fuere a vosotros, recibidle;

11

y Jesús, llamado Justo, los cuales son de la circuncisión; éstos solamente son los colaboradores en el reino de Dios que me han sido de consuelo.

12

Os saluda Epafras, el cual es uno de vosotros, siervo de Cristo, siempre rogando encarecidamente por vosotros en sus oraciones, para que estéis firmes, perfectos y completos en todo lo que Dios quiere.

13

Pues de él doy testimonio de que tiene gran celo por vosotros, y por los que están en Laodicea, y por los que están en Hierápolis.

14

Os saluda Lucas, el médico amado, y Demas.

15

Saludad a los hermanos que están en Laodicea, y a Nimfas, y a la iglesia que está en su casa.

16

Cuando esta carta haya sido leída entre vosotros, haced que también sea leída en la iglesia de los laodicenses; y la de Laodicea, que la leáis asimismo vosotros.

17

Y decid a Arquipo: Mira que cumplas el ministerio que recibiste en el Señor.

18

La salutación de mi propia mano, de Pablo. Acordaos de mis prisiones. La gracia sea con vosotros. Amén.

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