La Epístola de Judas es universalmente aceptada como canónica. Es uno de los libros más enérgicamente redactados del Nuevo Testamento contra los falsos maestros y se basa extensamente en la literatura apócrifa judía (la Asunción de Moisés y el Libro de Enoc).
Judas
Capítulo 1
Judas, siervo de Jesucristo, y hermano de Jacobo, a los llamados, santificados en Dios Padre, y guardados en Jesucristo:
Misericordia, paz y amor os sean multiplicados.
Amados, por la gran solicitud que tenía de escribiros acerca de nuestra común salvación, me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos.
Porque algunos hombres han entrado encubiertamente, los que desde antes habían sido destinados para esta condenación, hombres impíos, que convierten en disolución la gracia de nuestro Dios, y niegan a Dios el único soberano, y a nuestro Señor Jesucristo.
Os quiero recordar, aunque ya lo hayáis entendido una vez, que el Señor, habiendo salvado al pueblo de la tierra de Egipto, después destruyó a los que no creyeron.
Y a los ángeles que no guardaron su dignidad, sino que abandonaron su propia morada, los ha guardado bajo oscuridad en prisiones eternas para el juicio del gran día;
como Sodoma y Gomorra y las ciudades vecinas, las cuales de la misma manera que aquéllos, habiendo fornicado e ido en pos de vicios contra naturaleza, fueron puestas por ejemplo, sufriendo el castigo del fuego eterno.
No obstante, también estos soñadores mancillan la carne, rechazan la autoridad y blasfeman de las potestades superiores.
Pero cuando el arcángel Miguel contendía con el diablo disputando por el cuerpo de Moisés, no se atrevió a proferir juicio de maldición contra él, sino que dijo: El Señor te reprenda.
Pero éstos blasfeman de las cosas que no conocen; y en las que por naturaleza conocen, como animales irracionales, en estas mismas se corrompen.
¡Ay de ellos! porque han seguido el camino de Caín, y se lanzaron por lucro en el error de Balaam, y perecieron en la contradicción de Coré.
Estos son manchas en vuestros ágapes, cuando banquetean juntos sin temor alguno, apacentándose a sí mismos; nubes sin agua, llevadas de acá para allá por los vientos; árboles de otoño, sin fruto, dos veces muertos, desarraigados;
olas bravas del mar, que espuman sus propias vergüenzas; estrellas errantes, para las cuales la más densa oscuridad está reservada para siempre.
De estos también profetizó Enoc, séptimo desde Adán, diciendo: He aquí, vino el Señor con sus santas decenas de millares,
para hacer juicio contra todos, y para condenar a todos los impíos de entre ellos por todas las obras impías que han cometido impíamente, y por todas las palabras duras que los pecadores impíos han hablado contra él.
Estos son murmuradores, quejumbrosos, que andan según sus propios deseos, cuya boca habla cosas infladas, adulando a las personas para sacar provecho.
Pero vosotros, amados, tened memoria de las palabras que antes fueron dichas por los apóstoles de nuestro Señor Jesucristo;
los que os decían que en el postrer tiempo habría burladores que andarían según sus malvados deseos.
Estos son los que causan divisiones; los sensuales, que no tienen al Espíritu.
Pero vosotros, amados, edificándoos sobre vuestra santísima fe, orando en el Espíritu Santo,
conservaos en el amor de Dios, esperando la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para vida eterna.
A algunos que dudan, convencedlos,
a otros salvad, arrebatándolos del fuego; y de otros tened misericordia con temor, aborreciendo aun la ropa contaminada por su carne.
A aquel que es poderoso para guardaros sin caída, y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría,
al único y sabio Dios, nuestro Salvador, sea gloria y majestad, imperio y poder, ahora y por todos los siglos. Amén.