Apocalipsis es universalmente aceptado como canónico. Fue uno de los últimos libros en ser universalmente reconocido en el Oriente debido a su naturaleza apocalíptica y su imaginería milenaria, pero su canonicidad nunca fue seriamente disputada después del siglo IV.
Apocalipsis
Capítulo 16
Oí una gran voz que salía del templo, y decía a los siete ángeles: Id, y derramad sobre la tierra las siete copas de la ira de Dios.
Fue el primero, y derramó su copa sobre la tierra, y vino una úlcera mala y maligna sobre los hombres que tenían la marca de la bestia, y sobre los que adoraban su imagen.
El segundo ángel derramó su copa sobre el mar, y éste se convirtió en sangre como de muerto; y murió todo ser viviente que estaba en el mar.
El tercer ángel derramó su copa sobre los ríos y las fuentes de las aguas, y se convirtieron en sangre.
Y oí al ángel de las aguas, que decía: Justo eres tú, oh Señor, el que eres y que eras, el Santo, porque has juzgado estas cosas.
Por cuanto ellos derramaron la sangre de los santos y de los profetas, también tú les has dado a beber sangre; pues lo merecen.
Y oí a otro del altar, que decía: Ciertamente, Señor Dios Todopoderoso, verdaderos y justos son tus juicios.
El cuarto ángel derramó su copa sobre el sol, y le fue dado quemar a los hombres con fuego.
Y los hombres se quemaron con el gran calor, y blasfemaron el nombre de Dios, que tiene poder sobre estas plagas, y no se arrepintieron para darle gloria.
El quinto ángel derramó su copa sobre el trono de la bestia; y su reino se cubrió de tinieblas, y los hombres se mordían la lengua de dolor;
y blasfemaron contra el Dios del cielo por sus dolores y por sus úlceras, y no se arrepintieron de sus obras.
El sexto ángel derramó su copa sobre el gran río Eufrates; y el agua de éste se secó, para que estuviese preparado el camino de los reyes del oriente.
Y vi salir de la boca del dragón, de la boca de la bestia, y de la boca del falso profeta, tres espíritus inmundos semejantes a ranas;
pues son espíritus de demonios, que hacen señales, y van a los reyes de la tierra en todo el mundo, para reunirlos para la batalla de aquel gran día del Dios Todopoderoso.
He aquí, yo vengo como ladrón. Bienaventurado el que vela, y guarda sus ropas, para que no ande desnudo, y vean su vergüenza.
Y los reunió en el lugar que en hebreo se llama Armagedón.
El séptimo ángel derramó su copa por el aire; y salió una gran voz del templo del cielo, del trono, diciendo: Hecho está.
Entonces hubo relámpagos y voces y truenos, y un gran terremoto, un terremoto tan grande, cual no lo hubo jamás desde que los hombres han estado sobre la tierra.
Y la gran ciudad fue partida en tres partes, y las ciudades de las naciones cayeron; y la gran Babilonia vino en memoria delante de Dios, para darle el cáliz del vino del furor de su ira.
Toda isla huyó, y los montes no fueron hallados.
Y cayó del cielo sobre los hombres un grande granizo como del peso de un talento; y los hombres blasfemaron contra Dios por la plaga del granizo, porque su plaga fue muy grande.