Apocalipsis es universalmente aceptado como canónico. Fue uno de los últimos libros en ser universalmente reconocido en el Oriente debido a su naturaleza apocalíptica y su imaginería milenaria, pero su canonicidad nunca fue seriamente disputada después del siglo IV.
Apocalipsis
Capítulo 18
Después de esto vi a otro ángel descender del cielo, con gran poder; y la tierra fue alumbrada con su gloria.
Y clamó con voz potente, diciendo: Ha caído, ha caído la gran Babilonia, y se ha hecho habitación de demonios y guarida de todo espíritu inmundo, y albergue de toda ave inmunda y aborrecible.
Porque todas las naciones han bebido del vino del furor de su fornicación; los reyes de la tierra han fornicado con ella, y los mercaderes de la tierra se han enriquecido de la potencia de sus deleites.
Y oí otra voz del cielo, que decía: Salid de ella, pueblo mío, para que no seáis partícipes de sus pecados, ni recibáis parte de sus plagas;
porque sus pecados han llegado hasta el cielo, y Dios se ha acordado de sus maldades.
Dadle como ella os ha dado, y pagadle doble según sus obras; en el cáliz en que ella preparó bebida, preparadle a ella el doble.
Cuanto ella se ha glorificado y ha vivido en deleites, tanto dadle de tormento y llanto; porque dice en su corazón: Yo estoy sentada como reina, no soy viuda, y no veré llanto.
Por eso en un día vendrán sus plagas: muerte, llanto y hambre, y será quemada con fuego, porque poderoso es el Señor Dios que la juzga.
Y los reyes de la tierra que han fornicado con ella, y con ella se han enriquecido, la llorarán y harán lamentación por ella, cuando vean el humo de su incendio,
parándose lejos por el temor de su tormento, diciendo: ¡Ay, ay, de la gran ciudad de Babilonia, la ciudad fuerte; porque en una hora vino tu juicio!
Y los mercaderes de la tierra lloran y hacen lamentación sobre ella, porque ninguno compra más sus mercaderías:
mercaderías de oro, de plata, de piedras preciosas, de perlas, de lino fino, de púrpura, de seda, de escarlata; de toda madera olorosa, de todo objeto de marfil, de todo objeto de madera preciosa, de bronce, de hierro y de mármol;
de canela, de especias, de incienso, de ungüento, de mirra, de vino, de aceite, de harina, de trigo, de ganado, de ovejas, de caballos, de carros, de esclavos, de almas de hombres.
Y los frutos del deseo de tu alma se apartaron de ti; todas las cosas delicadas y espléndidas se han perdido de ti, y nunca más las hallarás.
Los mercaderes de estas cosas, los que se han enriquecido de ella, se pararán lejos por el temor de su tormento, llorando y lamentando,
y diciendo: ¡Ay, ay, de la gran ciudad, de la que estaba vestida de lino fino, de púrpura, de escarlata, y adornada de oro, piedras preciosas y perlas!
Porque en una hora ha sido desolada tanta riqueza. Y todo piloto, y todos los que navegan a cualquier puerto, y marineros, y todos los que trabajan en el mar, se pararon lejos,
y viendo el humo de su incendio, dieron voces, diciendo: ¿Qué ciudad es semejante a esta gran ciudad?
Y echaron polvo sobre sus cabezas, y clamaron, llorando y lamentando, diciendo: ¡Ay, ay, de la gran ciudad, en la cual todos los que tenían navíos en el mar se habían enriquecido de sus riquezas! Porque en una hora ha sido desolada.
Alégrate sobre ella, cielo, y vosotros, santos, apóstoles y profetas; porque Dios os ha vengado de ella.
Entonces un ángel poderoso tomó una piedra como una gran piedra de molino, y la arrojó en el mar, diciendo: Con el mismo ímpetu será derribada Babilonia, la gran ciudad, y nunca más será hallada.
Y voz de arpistas, de músicos, de flautistas y de trompeteros, nunca más se oirá en ti; y ningún artífice de cualquier oficio, nunca más se hallará en ti; y ruido de molino, nunca más se oirá en ti;
y luz de lámpara, nunca más resplandecerá en ti; y voz de esposo y de esposa, nunca más se oirá en ti; porque tus mercaderes eran los grandes de la tierra; porque por tus hechicerías fueron engañadas todas las naciones.
Y en ella se halló la sangre de los profetas y de los santos, y de todos los que han sido muertos en la tierra.