¿Qué podemos saber realmente sobre el pasado?

¿Qué podemos saber realmente sobre el pasado?
Entre hechos, evidencias, hipótesis e interpretaciones: ¿cómo saber cuándo una afirmación histórica está realmente bien fundamentada?
En el artículo anterior, vimos que existen muchas maneras de investigar el pasado.
Tenemos manuscritos, inscripciones, monedas, construcciones, objetos, relatos, documentos y muchos otros vestigios.
Pero eso todavía no resuelve nuestro problema.
Porque existe una diferencia enorme entre poseer una evidencia y saber exactamente lo que esa evidencia prueba.
Una inscripción antigua puede ser verdadera y aun así no responder a la pregunta que estamos haciendo.
Un manuscrito puede ser auténtico y aun así no probar que todos los acontecimientos descritos en él sucedieron exactamente como se narran.
Una tradición puede ser muy antigua y aun así contener elementos difíciles de verificar.
Y una hipótesis puede parecer convincente sin estar suficientemente demostrada.
Entonces llegamos a una pregunta fundamental:
- ¿Qué podemos saber realmente sobre el pasado?
La respuesta comienza entendiendo que no todas las afirmaciones históricas poseen el mismo grado de certeza.
No todo es simplemente "hecho u opinión"
En las discusiones en internet, es común encontrar dos posiciones aparentemente opuestas.
Por un lado:
- "Eso es un hecho."
Por el otro:
- "Eso es solo una opinión."
El problema es que la investigación histórica es mucho más compleja que esa división.
Entre una certeza absoluta y una opinión sin fundamento existe una enorme cantidad de conocimiento bien sustentado.
Podemos tener:
algo directamente documentado;
algo sustentado por varias fuentes independientes;
algo altamente probable;
una hipótesis plausible;
una interpretación controvertida;
o simplemente:
una afirmación para la cual no tenemos evidencias suficientes.
Aprender a diferenciar estas categorías es una de las mejores formas de estudiar historia con honestidad.
Primero: ¿qué es una evidencia?
Una evidencia es algo que puede ser utilizado para sustentar o evaluar una afirmación sobre el pasado.
Puede ser un documento.
Una inscripción.
Una moneda.
Un manuscrito.
Una construcción.
Un artefacto.
Un relato.
Una tradición preservada en un texto.
O incluso características lingüísticas de determinado documento.
Pero hay una cosa importante:
- Evidencia no es sinónimo de conclusión.
Imagina que encontramos una moneda con el rostro de determinado gobernante en una ciudad antigua.
Eso es una evidencia.
Podemos concluir que esa moneda circuló o llegó a esa región.
Pero eso no significa automáticamente que el gobernante estuvo personalmente en esa ciudad.
Para llegar a esa conclusión, necesitaríamos otra información.
Quizás una inscripción.
Quizás documentos administrativos.
Quizás evidencias arqueológicas.
Quizás fuentes de otras regiones.
La evidencia es el punto de partida.
La conclusión debe ser construida.
Hecho, evidencia e interpretación
Estas tres cosas aparecen constantemente juntas, pero no son lo mismo.
Imagina que encontramos un documento antiguo que afirma que determinado rey conquistó una ciudad.
Tenemos al menos tres niveles diferentes:
Evidencia
El documento existe y afirma que la conquista sucedió.
Hecho histórico sobre la fuente
Podemos establecer que determinado documento fue producido en determinada época y que contiene esa afirmación.
Interpretación histórica
Entonces podemos preguntar:
¿La conquista realmente sucedió?
¿El rey exageró su victoria?
¿Qué significa exactamente "conquistar" en este contexto?
¿Quién controlaba la ciudad antes y después?
La investigación histórica ocurre precisamente en ese pasaje entre evidencia e interpretación.
Una fuente puede ser verdadera y aun así ser tendenciosa
Esto es muy importante.
Imagina que un rey antiguo registra sus victorias en una gran inscripción.
El documento puede ser auténtico.
Puede haber sido realmente producido por el propio rey.
Puede realmente describir acontecimientos que ocurrieron.
Y aun así puede presentar una versión extremadamente favorable al gobernante.
Esto no vuelve inútil la inscripción.
Muy al contrario.
Puede revelarnos cómo aquel gobernante quería ser recordado.
Puede mostrar qué títulos utilizaba.
Qué enemigos consideraba importantes.
Qué conquistas quería celebrar.
Y qué acontecimientos eligió no mencionar.
Por lo tanto:
- Una fuente tendenciosa no es necesariamente una fuente falsa.
Debe ser interpretada teniendo en cuenta su propósito.
¿Y si una fuente está equivocada?
También es posible.
Las personas del pasado podían equivocarse.
Podían olvidar.
Podían interpretar acontecimientos de manera errónea.
Podían repetir información que recibieron de otras personas.
Podían exagerar.
Podían mentir.
Y podían simplemente no saber.
Esto significa que una fuente histórica debe ser examinada.
¿Quién la escribió?
¿Cuándo?
¿Para quién?
¿Por qué?
¿Con qué información?
¿En qué contexto?
Estas preguntas no sirven solo para desacreditar una fuente.
Sirven para descubrir cómo utilizarla correctamente.
La fecha de la fuente importa
Imagina dos fuentes sobre el mismo acontecimiento.
La primera fue escrita pocos años después.
La segunda fue escrita cuatrocientos años después.
Esto no significa automáticamente que la primera tenga razón y la segunda esté equivocada.
Pero la diferencia de tiempo importa.
Una fuente más cercana a determinado acontecimiento puede tener acceso a testigos o tradiciones más antiguas.
Por otro lado, una fuente posterior puede preservar información que desapareció de las fuentes más antiguas.
Por eso, la edad de una fuente es solo una de las preguntas.
También necesitamos investigar:
¿de dónde vino la información?
¿qué tradición preserva?
¿depende de otra fuente?
¿hay evidencias independientes que la confirmen?
El análisis histórico rara vez depende de un único criterio.
El problema de la dependencia entre fuentes
Imagina que alguien publica hoy una afirmación histórica.
Después, otras diez personas copian exactamente la misma afirmación.
¿Tenemos once fuentes?
No necesariamente.
Quizás tenemos solo una información repetida once veces.
El mismo problema aparece al estudiar documentos antiguos.
Una fuente puede depender de otra.
Dos obras pueden haber utilizado un documento anterior que no sobrevivió.
Varios autores pueden haber recibido una tradición común.
Por eso, contar cuántas fuentes existen no es suficiente.
Necesitamos preguntar:
- ¿Estas fuentes son independientes unas de otras?
Cuando diferentes fuentes independientes convergen en la misma conclusión, la evidencia se vuelve mucho más interesante.
La convergencia de evidencias
Imagina que tenemos cuatro tipos de evidencia sobre una ciudad antigua.
Un texto menciona la ciudad.
Una inscripción encontrada en el lugar menciona al mismo gobernante.
Monedas de ese período aparecen en la región.
Y la arqueología muestra una capa de ocupación correspondiente a la época.
Ninguna de estas evidencias, aisladamente, necesita responder a todas las preguntas.
Pero juntas pueden formar un cuadro mucho más consistente.
Esta es una de las grandes fortalezas de la investigación histórica:
- diferentes tipos de evidencia pueden reforzarse mutuamente.
Por eso, la arqueología, la epigrafía, la numismática, los manuscritos y la literatura antigua pueden estudiarse en conjunto.
¿Qué significa decir que algo es "históricamente probable"?
Esta expresión puede parecer extraña.
Si algo es probable, ¿no sería solo una hipótesis?
No necesariamente.
Imagina que tenemos varias evidencias independientes que apuntan a una determinada conclusión.
No poseemos una filmación del acontecimiento.
No tenemos absolutamente toda la información.
Pero la explicación encaja mucho mejor en las evidencias disponibles que sus alternativas.
En ese caso, un historiador puede considerarla históricamente probable.
Esto no significa:
- "Tenemos certeza absoluta."
Significa:
- "Con las evidencias actualmente disponibles, esta explicación tiene un fuerte sustento."
Esta diferencia es esencial.
Probabilidad no es suposición
Cuando decimos que algo es probable, no estamos simplemente diciendo:
- "Yo creo que sí."
Existe una diferencia enorme entre ambos.
Una suposición puede nacer de una preferencia personal.
Una conclusión histórica probable debe estar ligada a evidencias y argumentos.
Por ejemplo:
"Creo que sucedió porque parece tener sentido."
es diferente de:
"Consideramos esta hipótesis probable porque diferentes fuentes independientes, cercanas al período, apuntan en la misma dirección y no poseemos evidencias sólidas que la contradigan."
Ambas frases expresan una opinión.
Pero solo una presenta justificación histórica.
¿Qué es una hipótesis?
Una hipótesis es una explicación propuesta para determinado conjunto de evidencias.
Puede ser fuerte o débil.
Puede ser muy probable o altamente especulativa.
Y una hipótesis puede cambiar conforme aparecen nuevas evidencias.
Esto no es una debilidad de la investigación.
Es una de las características del conocimiento histórico.
Si un nuevo descubrimiento contradice una explicación anterior, el investigador necesita reconsiderar su conclusión.
Por eso, una buena investigación no comienza decidiendo qué respuesta queremos encontrar.
Comienza preguntando:
- ¿Qué permiten concluir las evidencias?
¿Y cuando no sabemos?
Esta es quizás una de las respuestas más difíciles para cualquier persona que quiera estudiar historia:
- "No sabemos."
Existe una enorme tentación de llenar vacíos.
Si tenemos poca información sobre determinado acontecimiento, podemos crear una narrativa que parezca completa.
El problema es que una narrativa completa no es necesariamente una narrativa verdadera.
A veces la respuesta más intelectualmente honesta es:
- No tenemos evidencias suficientes para determinar eso.
Esto no significa que nunca podremos descubrirlo.
Significa solo que, con las evidencias disponibles actualmente, no podemos afirmarlo con seguridad.
La capacidad de reconocer una laguna de conocimiento es una parte importante de la investigación seria.
Ausencia de evidencia no es automáticamente evidencia de ausencia
Esta frase merece atención.
Imagina que un personaje histórico vivió en una ciudad.
Si no encontramos ningún objeto perteneciente a él, eso no significa automáticamente que nunca estuvo allí.
Quizás sus objetos desaparecieron.
Quizás no se preservaron.
Quizás aún no se han encontrado.
Quizás no sabemos identificarlos.
Pero esto tampoco significa que cualquier afirmación sea posible.
En determinadas situaciones, la ausencia de evidencia puede realmente pesar contra una hipótesis.
El punto es que necesitamos preguntar:
- Si esta afirmación fuera verdadera, ¿esperaríamos encontrar alguna evidencia?
Si la respuesta es sí y esa evidencia está ausente en un registro que sabemos que es bastante completo, la ausencia puede ser relevante.
Por lo tanto, no existe una regla simple.
El contexto importa.
¿Y cuando existe una contradicción?
Supón que dos fuentes antiguas cuentan historias diferentes sobre el mismo acontecimiento.
¿Qué hacemos?
No elegimos automáticamente nuestra favorita.
Primero investigamos.
¿Qué fuente es más antigua?
¿Son independientes?
¿Alguna de ellas presenta detalles que pueden ser confirmados externamente?
¿Cuál era el objetivo de cada autor?
¿Existe una explicación que reconcilie las dos?
¿Las diferencias son realmente contradictorias o solo parecen serlo?
¿Y si realmente hay una contradicción?
Entonces debemos admitir que existe un problema en la evidencia.
Esto puede significar que:
- una fuente está equivocada;
- una fuente está exagerando;
- las fuentes están hablando de acontecimientos diferentes;
- una fuente depende de una tradición problemática;
- o simplemente no podemos determinar qué versión es correcta.
La investigación histórica no necesita eliminar toda incertidumbre para producir conocimiento.
El papel de la arqueología
La arqueología es particularmente importante porque ofrece evidencias que no dependen exclusivamente de textos.
Puede confirmar la existencia de lugares.
Puede establecer períodos de ocupación.
Puede revelar cambios culturales.
Puede mostrar destrucción causada por guerras.
Puede identificar prácticas funerarias.
Puede proporcionar información sobre alimentación, comercio, arquitectura y economía.
Pero también debemos evitar el exceso contrario.
La arqueología no "prueba toda la Biblia".
Tampoco "desmiente toda la Biblia".
Esa manera de hablar simplifica demasiado una disciplina mucho más compleja.
Un descubrimiento arqueológico puede confirmar un detalle específico.
Puede hacer determinada reconstrucción histórica más probable.
Puede contradecir una interpretación.
Puede dejar una cuestión abierta.
Y puede no tener ninguna relación directa con determinada afirmación.
La pregunta correcta es siempre:
- ¿Qué demuestra exactamente esta evidencia?
Lo mismo ocurre con los manuscritos
Encontrar un manuscrito antiguo no significa que todo en él esté comprobado.
El manuscrito puede probarnos que determinado texto existía en esa época.
Puede mostrar cómo una comunidad transmitía determinado contenido.
Puede preservar una versión específica de un pasaje.
Puede presentar una variante textual.
Puede revelar información sobre lengua y transmisión.
Pero cada una de esas conclusiones es diferente.
El documento debe ser analizado dentro de su contexto.
Precisamente por eso la crítica textual y otras disciplinas especializadas son importantes.
Historia y fe hacen preguntas diferentes
Cuando llegamos al cristianismo, esta distinción se vuelve especialmente importante.
La historia puede investigar:
¿Existió Jesús?
¿Cuándo vivió?
¿Dónde vivió?
¿Qué fuentes antiguas hablan de él?
¿Cómo se organizaron sus seguidores?
¿Cómo se extendió el movimiento?
¿Qué textos antiguos fueron producidos por cristianos?
¿Cuándo aparecieron determinadas controversias?
Esas son preguntas históricas.
Pero el cristianismo también afirma cosas de naturaleza teológica.
Por ejemplo:
¿Es Jesús el Hijo de Dios?
¿Su muerte tiene significado salvador?
¿Resucitó por la acción de Dios?
¿Son las Escrituras revelación divina?
Estas preguntas no son simplemente equivalentes a las preguntas históricas.
También involucran filosofía, teología y fe.
Esto no significa que la fe sea irracional.
Significa que diferentes preguntas exigen diferentes formas de argumentación.
¿Esto significa que la historia no puede investigar la resurrección?
No exactamente.
Un historiador puede investigar lo que las fuentes dicen sobre la resurrección.
Puede estudiar:
- cuándo surgieron las creencias;
- qué fuentes preservan esas creencias;
- cómo hablaban los primeros cristianos sobre Jesús;
- qué experiencias afirmaban haber tenido los primeros seguidores;
- cómo se desarrollaron esas creencias.
Pero existe una diferencia entre establecer históricamente:
- "Los primeros cristianos creían que Jesús había resucitado."
y establecer:
- "La resurrección fue un milagro realizado por Dios."
La primera afirmación puede ser investigada directamente por las fuentes históricas.
La segunda implica una conclusión sobre un acontecimiento sobrenatural y sobre la acción divina.
No necesitamos negar una para reconocer la diferencia entre ellas.
¿Y dónde entra la opinión?
Las opiniones son parte de la vida.
Todos tenemos interpretaciones, convicciones y preferencias.
El problema surge cuando una opinión se presenta como si fuera una conclusión obligatoria de las evidencias.
Por ejemplo:
- "Yo creo que esto sucedió."
es una declaración personal.
Mientras que:
- "Las evidencias demuestran que esto sucedió."
es una afirmación que debe ser defendida.
La segunda exige mucho más.
Necesitamos preguntar:
¿Qué evidencias?
¿Qué fuentes?
¿Son independientes?
¿Cuál es la fecha?
¿Cómo sabemos que son auténticas?
¿Existen explicaciones alternativas?
¿Los especialistas discrepan?
Esa es la diferencia entre simplemente tener una opinión y presentar un argumento histórico.
No todo desacuerdo significa que todo es relativo
Este es otro error muy común.
Dos personas pueden discrepar sobre determinado acontecimiento histórico.
Eso no significa que ambas versiones tengan necesariamente la misma fuerza.
Imagina que un investigador presente diez fuentes independientes y otro presente una publicación de redes sociales.
El hecho de que ambos tengan opiniones no coloca sus argumentos en el mismo nivel.
Podemos evaluar:
- calidad de las fuentes;
- proximidad temporal;
- independencia;
- coherencia;
- evidencias externas;
- método utilizado;
- conocimiento especializado.
Por lo tanto:
- La existencia de opiniones diferentes no significa que todas las opiniones tengan el mismo peso.
Tampoco debemos convertir el consenso en argumento de autoridad
Lo contrario también puede ocurrir.
Alguien puede decir:
- "Todos los especialistas dicen esto, así que simplemente debes creerlo."
Eso también es insuficiente.
El consenso de especialistas es relevante porque resulta de investigación acumulada, comparación de fuentes y debate académico.
Pero lo ideal es comprender por qué existe ese consenso.
¿Cuáles son las evidencias?
¿Qué argumentos se consideraron?
¿Qué objeciones fueron respondidas?
Un buen estudio no pregunta simplemente:
- "¿En quién debo creer?"
Pregunta:
- "¿Cuál es el argumento y en qué evidencias se apoya?"
El conocimiento histórico posee niveles de confianza
Una manera útil de organizar todo esto es imaginar una escala.
Muy bien establecido
Existe amplia convergencia de fuentes y evidencias independientes.
Bien sustentado
Hay buenas evidencias, aunque algunos detalles permanezcan discutibles.
Probable
La explicación es actualmente la mejor interpretación de las evidencias disponibles, pero existen incertidumbres relevantes.
Posible
La hipótesis no contradice las evidencias, pero estas no son suficientes para hacerla probable.
Especulativo
Existen pocos fundamentos o muchas lagunas.
No sustentado
No encontramos evidencias suficientes para defender la afirmación.
Esta escala es mucho más útil que simplemente dividir todo entre:
"verdad"
y
"opinión".
¿Por qué estamos aprendiendo esto antes de estudiar a Jesús?
Porque dentro de poco vamos a entrar en una de las figuras más estudiadas de la Antigüedad.
Jesús de Nazaret.
Y encontraremos afirmaciones muy diferentes sobre él.
Algunas estarán muy bien establecidas.
Otras serán probables.
Otras serán discutidas entre especialistas.
Algunas serán interpretaciones teológicas.
Y algunas simplemente no tendrán evidencias suficientes.
Si no aprendemos a distinguir estas categorías, cualquier discusión sobre Jesús rápidamente se convierte en una disputa de opiniones.
Pero si aprendemos a analizar las fuentes, podremos hacer algo mucho más interesante:
investigar.
Y esto también será importante para los concilios
Más adelante, encontraremos afirmaciones como:
- "El Concilio de Nicea inventó la divinidad de Jesús."
O:
- "El Concilio decidió toda la Biblia."
O:
- "La Iglesia siempre creyó exactamente en lo mismo."
O incluso:
- "Todo fue manipulado por Constantino."
Todas estas afirmaciones pueden parecer convincentes dependiendo del contenido que alguien haya visto en internet.
Pero ahora sabemos que debemos preguntar:
¿Cuál es la fuente?
¿De cuándo es?
¿Es independiente?
¿Qué dice realmente?
¿Qué podemos concluir de ella?
¿Qué es interpretación posterior?
¿Existe evidencia contraria?
Así es como vamos a estudiar los concilios.
No empezando por la conclusión.
Empezando por las evidencias.
La regla que vamos a llevar durante todo el viaje
A partir de aquí, podemos establecer una regla simple:
- No necesitamos creer todo lo que encontramos. Necesitamos aprender a evaluar lo que encontramos.
Esto vale para un manuscrito antiguo.
Vale para un descubrimiento arqueológico.
Vale para una tradición religiosa.
Vale para un libro académico.
Vale para un video en YouTube.
Y vale también para este blog.
El objetivo de Kanon no debe ser reemplazar una opinión por otra.
Debe ser ofrecer al lector herramientas para investigar.
Cuando una afirmación esté muy bien establecida, lo diremos.
Cuando haya debate, lo mostraremos.
Cuando una conclusión sea probable, la diferenciaremos de una certeza.
Cuando no sepamos, debemos decir que no sabemos.
Y cuando una cuestión supere aquello que la investigación histórica puede establecer, también debemos reconocer ese límite.
Ahora podemos comenzar de verdad
Terminamos nuestra primera etapa.
Ya sabemos que el pasado puede ser investigado.
Sabemos que existen diferentes tipos de fuentes.
Sabemos que las fuentes tienen limitaciones.
Sabemos que evidencia no es lo mismo que conclusión.
Sabemos que una hipótesis no es automáticamente un hecho.
Sabemos que consenso no significa unanimidad.
Y sabemos que una pregunta histórica puede ser diferente de una pregunta teológica.
Ahora estamos preparados para retroceder en el tiempo.
Mucho antes de que Jesús naciera.
Mucho antes de que Roma dominara Judea.
Mucho antes de que existieran los concilios cristianos.
Mucho antes de que hubiera una Iglesia Católica, Ortodoxa o Protestante como las conocemos hoy.
Necesitamos conocer Israel.
El siguiente paso
Antes de Jesús: el mundo que preparó el camino para el cristianismo
Para entender el cristianismo, debemos retroceder a un mundo que ya poseía siglos de historia.
Un mundo de reyes e imperios.
De exilios y retornos.
De guerras y reconstrucciones.
De judíos viviendo entre diferentes culturas.
De Jerusalén y el Segundo Templo.
De tradiciones religiosas que estaban en pleno desarrollo.
Es en ese mundo donde comienza la historia de Jesús.
Y es hacia allí que vamos ahora.